Sopapo

Son de esos sopapos que da la vida de vez en cuando, para demostrarte que no todo es color de rosa, ni que las mieles del éxito duran mucho tiempo.

Lo cierto es que Los Pumas tuvieron una tarde para el olvido. Una tarde de esas que se van a recordar por mucho tiempo… un golpe duro, muy arduo de asimilar.

Hay cientos de detalles que pueden morigerar el rendimiento de Los Pumas de hoy. Y todos son atendibles. Pero, cuando las diferencias son tan notables dentro de la cancha, esos detalles toman relevancia porque pasan a ser centrales en el desarrollo de un partido como éste. Y en los partidos por venir, ni que hablar…

La pérdida de la pelota en el contacto, los ataque espamódicos y desordenados, la floja defensa colectiva e individual, la falla en los tackles, un scrum deficiente como pocas veces se ha visto, una obtención de bajísima calidad, la cantidad de penales en contra…
Todos aspectos que, dados en conjunto y al mismo tiempo, resultan letales para cualquier equipo en cualquier nivel, se dieron en el mismo eje de tiempo-lugar para Los Pumas, que nunca entraron en el foco del partido. Eso fueron los argentinos: un equipo desenfocado.

Mejor dicho… quisieron entrar en el ritmo vertiginoso y potente que impuso Francia desde el primer momento y claro, salieron escaldados. Estaba claro de movida que en un escenario de “golpe por golpe” y de intentar darle al ataque mucho “volumen de juego”, vértigo –escenario pretendido por el Staff Puma- no era la receta adecuada. Sin embargo, esta táctica inadecuada –inadecuada hoy… en un futuro, puede ser posible- no tuvo dentro de la cancha una respuesta mental que supiese que no era momento para aplicarla. Se vivió y se murió con las botas puestas. Eso, que siempre se destaca como bueno, hoy no lo fue.

Preguntamos: Dónde estaban los apoyos en los arranques extraordinarios de Julio Farías y de Benjamín Urdapilleta? Quiénes eran los que tenían que estar ahí? Y cómo terminaron esos ataques profundos? Con los jugadores aislados, y con penal en contra ya dentro de las veintidós francesas y con buenos frente de ataque para aprovechar…

Después de esos ataques desperdiciados, y tras la salida de Farías lesionado (golpe en el acromio), el equipo se apagó de repente y ese pequeño oasis de diez minutos en el promedio de la primera etapa fue lo mejor del equipo en el partido. Y desde ahí, no sólo Francia sacó a relucir todo su poderío, sino que además, impuso condiciones en el juego, obligando Los Pumas a defender en retroceso, con fallas en la reorganización defensiva, que empezó a tener grietas que se fueron profundizando conforme pasaban los minutos.

Y así dadas las cosas y con el partido planteado muy claramente hacia un solo equipo, el final del primer tiempo fue, como era de preveer, a todo trapo para Francia como también lo fueron los primeros veinte minutos del segundo, en los que se vio lo mejor de los galos y también, lo peor de Los Pumas. Un equipo al que le salió todo, contra otro al que no le salió nada. Estas diferencias –demasiadas- entre dos seleccionados se vieron reflejadas con justicia en el abultado marcador final, que pudo ser más amplio también.

Autocrítica. Esa es la palabra clave. Si la hay dentro del seno del plantel y el staff, será una buena señal. Este sopapo puede ayudar a salvar una situación delicada en el futuro inminente.

EA

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