Defensa y Justicia

Para nosotros fue como el primer partido real de pretemporada. La semana que viene vamos a estar mejor” dijo Gonzalo Quesada, con calma y seguridad inmediatamente post Lions. Los hechos -y lo que se entrenó en la semana- le dieron la razón porque ante Bulls, Jaguares dio un pequeño pero imprescindible salto de calidad en varios aspectos. Por eso, la victoria fue justa y merecida.

Por Eugenio Astesiano

Lo de pequeño no es para minimizar el hecho, sino porque tampoco se necesitaba dar un gran salto. Dos cosas notorias: Con ajustar el trabajo de Díaz Bonilla, exigiéndole más confianza, protagonismo y personalidad, el equipo tenía que mejorar. Y lo hizo. La actuación del apertura fue más que aceptable. Si bien tuvo algunas situaciones en las que el uso del pie y el pase lejos de la defensa fueron como ante Lions, su cobertura defensiva, la generación de dudas en sus marcadores cuando tuvo la pelota y su calma para acertar penales y conversiones decisivas, fueron determinantes. Y Tito trabajó con relativa comodidad porque Tomás Cubelli, en su debut oficial con la camiseta de Jaguares, fue fundamental.

Lo otro que se ajustó fue la defensa del maul. El entrenamiento de Jaguares del martes pasado tal vez haya sido uno de los más intensos en este aspecto, en todos y más amplios sentidos del término. Dio sus frutos.

En general, si mejora el apertura, es porque adelante la cosa camina mejor. Los forwards argentinos fueron superiores a los grandotes de Bulls y contuvieron a la perfección a todos sus ball carriers. Ni Vermeulen, de Jager ni Liebenberg fueron amenazas. Odendaal, tampoco. Ninguno de sus primeros receptores tras las formaciones fijas lo fue. Desde ahí, desde el tackle (y cuando fue necesario, los tackles) Jaguares empezó a construir su partido, ganó en confianza y fue dominante. Y por estas razones es que el partido de Marcos Kremer fue supremo. Su dominio físico en la línea de ventaja junto con la colaboración de Tomás Lavanini, otro que trabajó a destajo, le cerraron la puerta de entrada a la táctica principal de Bulls. Jerónimo de la Fuente y Matías Orlando y luego Matías Moroni también cerraron la frontera en el centro. Literalmente, el equipo de Pretoria no tuvo donde ir.

Eso obligó a que Pollard tuviera que usar mucho más el pie que lo deseado y lo llevó a pararse un poco más atrás. Papier -uno de los puntos débiles de la visita junto con Cornal Hendriks- no le hizo ningún favor con sus pases y con su falta de convicción para animarse a buscar alternativas porque, dos cosas: Bulls sí tuvo la pelota, pero bastante lejos de las veintidós de Jaguares y porque se desprendió de ella porque casi nunca había donde ir. También, hubo otro motivo.

Y acá, uno de los puntos bajos de los tres del fondo argentinos: el juego aéreo. Por momentos, cada pelota de Pollard al lluvioso y húmedo cielo de Vélez fue la rueda de la fortuna: que salga lo que salga. Jaguares tuvo fortuna, porque ni Tuculet ni Moyano brindaron la seguridad habitual para desactivar esa última carta de Bulls y por eso esas pelotas fueron peligrosas. Como tampoco la visita tuvo en sus cargadores una noche para recordar, lo que pasó cuando la gravedad hizo lo suyo fue casi siempre, fortuito y con buena cuota de bonanza para Jaguares. Una noche sin agua posiblemente no hubiera generado problemas para Tucu y Moyano.

Así, entre rudeza en la zona de contacto, con el breakdown controlado y mucho mejor arbitrado que ante Lions, con la línea de ventaja asegurada, con formaciones fijas correctas y con un try de pelota recuperada, Jaguares no pasó sofocones. Pero en cuanto los penales evitables hicieron su aparición, la puntería de Pollard hizo estragos. De a tres y con veinte minutos por jugar, Bulls se puso al frente 12 a 10 sin haber ingresado prácticamente nunca a campo profundo rival.

A los 63′ se produjo el punto de quiebre del partido. Line y maul de Jaguares en cinco metros de Bulls, bien conducido, bien manejado culminó con Bruni -recién ingresado- en el ingoal sudafricano y a partir de allí, se apagó la resistencia física y mental de los de Human.

Inmediatamente, un penal de Díaz Bonilla y el try de Delguy para el bonus luego de una gran jugada, le puso el broche lógico y merecido a un partido en el que el equipo de Gonzalo Quesada, fiel a sus palabras, estuvo mejor. Tanto mejor que por primera vez en el Super Rugby, Jaguares terminó sin tries en contra. Eso, en este torneo, es un hito muy reseñable.

Y cuando se plasma en la cancha lo que se entrena en la semana, ni que hablar.

Poner a Matera y Creevy en tela de juicio, es de no creer

Opiniones son opiniones. Se puede o no coincidir con ellas, pero son eso, materia opinable. Cada quien dará su punto de vista, y las debatirá. Pero las que son fundamentadas con hechos verificables, contrastables, es ese fundamento es el que le da viso de seriedad. Con endeblez en los fundamentos, le caen a Matera y a Creevy por lo que van a hacer en lugar de reconocerles lo hecho.

Por Eugenio Astesiano

Cuando las opiniones carecen de fundamento, son un grito que satisface al emisor y contamina al/los receptor/es. Por eso, los que opinan que “Matera nos cagó” o “Creevy está robando la plata” sin aportar más que eso, contaminan.

A ver… ¿A quién cagó Matera?, ¿A Jaguares, al que le dio y da toda su entrega y profesionalismo?, ¿A Los Pumas, de los que es capitán?, ¿Que haya decidido, tras el Mundial, poner rumbo a París para jugar en el Stade Francais, lo pone en tela de juicio como jugador?, ¿Nadie piensa que tiene el derecho (y la posibilidad) de elegir su propio destino -dónde jugar, y cuánto a favor y cuánto en contra hay- y sopesar eso para tomar una determinación a los 24 años?, ¿Que tras haber estado en el sistema desde chico y hacer pasado por todas las instancias, aún cuando en su momento se fue a Leicester Tigers, volvió?

Que Agustín Creevy haya decidido quedarse en Argentina y seguir en Jaguares, amerita igual tratamiento. ¿A quién le está robando la plata? ¿Robando?, ¿En serio? ¿Uno de los tres mejores en su puesto en el mundo en los últimos dos años?.

Un tipo que estaba tranquilo afuera, que forjó una gran parte de su carrera en Europa, que conoce pelos y señales de clubes de Francia e Inglaterra, donde incluso no sólo fue discípulo de Ledesma como jugador en Clermont sino que después lo tuvo en Montpellier como entrenador junto a Galthié, en una experiencia más agria que dulce… que jugó en Worcester Warriors en la segunda de Inglaterra y lo llevó al ascenso… ¿En serio creen que un jugador que pudo haber elegido quedarse allá -pudiendo ganar bastante más tras el cuarto puesto en el Mundial- pero que vino a poner el hombro en 2016 a Jaguares, como capitán de Los Pumas y dar el ejemplo, está “robando” la plata?

Ni Matera, ni Creevy, ni Sánchez… ninguno le debe nada a nadie. Y van a ser convocados a Los Pumas para el Mundial y post Mundial también, donde sea que se encuentren jugando. Ellos o cualquiera.

Y ya que estamos, seguimos con el tema del scrum, que la monada se pone intensa. ¿Vamos a descubrir que nos fue mal? No. Es obvio. ¿Hay una causa o son un montón de causas? También es obvio que son un montón. El tema no parece ser descubrir las causas, sino a quién se le echa la culpa. A nadie parece importarle cómo se explica lo que pasó. Y ahí, todo arranca desde la falacia, la mentira y la necesidad de un chivo expiatorio. Y de glorificar una formación de la que fuimos buenos, cuando era vital y se jugaban 30 por partido. Hoy, es algo más. Y si no, pregúntenle a Rumania, Georgia, Italia que son “rock solid” ahí pero después, en lo demás, poco y nada.

Acá también hay preguntas para responderse.

a) ¿En serio creen que hay gurúes salvadores?, b) ¿De verdad creen que no se trabajó el scrum en la “era” Hourcade?, c) ¿Creen que no se trabaja ahora en la “era” Ledesma?, d) ¿Creen en la correlación directa entre empujar “solo” 1,5m y tener un scrum que no es sólido?, e) ¿O que “faltan” pilares?, f) ¿O que faltaron?, g) ¿O que agarrarse “por arriba” es disruptivo para que un scrum sea eficiente, porque agarrarse por abajo no sirve?

Si creen que las respuestas a todas o alguna de las preguntas es un “sí”, les paso otras respuestas. Por lo menos, permítanse la duda.

a) No hay gurúes. No existen los gurúes. Los que se ponen ese mote por lo general es autoimpuesto. Hoy, el scrum más eficiente es el que saca lo más rápido posible y con la mayor calidad el 100% de las pelotas propias. A los que les va mejor son los que aprovechan al máximo el reglamento.
b) En la “era” Hourcade sí se trabajó el scrum. Emiliano Bergamaschi y Fernando Guatieri son dos profesionales de primer nivel e hicieron un gran esfuerzo por corregirlo. ¿No funcionó como se pretendía? No funcionó. Pero eso es diferente a que no se haya trabajado. Le buscaron la vuelta, e intentaron corregirlo. Con mejoras intermitentes, aún así, post 2016, no funcionó.
c) En la “era” Ledesma también se trabaja. Y tanto Ledesma como Bordoy son súper puntillosos y detallistas y le han metido tiempo a practicar lo que ellos consideran que puede andar. ¿Va a funcionar? Veremos más adelante. En 2018, Jaguares fue 15° (de 15) en las estadísticas oficiales de Sanzaar. Sólo le cabe mejorar. Ese es el desafío para este año.
d) No, no hay ninguna correlación directa. El que dice eso, mira sólo rugby local. Si puede, que mire rugby internacional. A los M20, sobre todo.
e y f) Ni faltan, ni faltaron. Los que hubo y hay, puede que no hayan sido o no sean del gusto del entrenador de turno. Pero haber, hay. Producción, hubo y hay. Y de todos los puestos. Sin ir más lejos, Argentina es el país que más M20 promocionó a su equipo mayor en la historia del Tier 1.
g) Miren a los All Blacks.

Mirar el partido es mirar también más allá

Si el partido ante Lions le dejó información valiosa a Gonzalo Quesada -tal como él mismo señalara en la conferencia de prensa- es bastante probable que la que vamos a compartirles a continuación sea parte de ella.

Por Eugenio Astesiano

Está claro que si Jaguares adoleció de algo fue, sobre todo, de dos cosas: capacidad de generar quiebres y concretarlos y de solucionar todos los inconvenientes y problemas que Lions le generó en el breakdown y en la zona en derredor de los mismos.

Y por cierto, algo más: los turnovers, que resultaron claves en acciones particulares.

Dicho esto, en líneas generales el equipo no jugó mal, sino que lo que se advirtió es una administración de bastante menor calidad a la deseada. El juego prolijo, el dominio ejercido y el desgaste resultante de ello, resultaron inocuos ante una defensa ordenada.

Detalles a señalar que suman a la explicación:

Todas las estadísticas que se extraen del partido, resultan un espejo de lo visto. La comparación de los siete equipos ganadores y de Jaguares tal vez ayuden a corroborar ciertas cosas señaladas oportunamente ayer durante el partido y en la crónica del mismo.

En quiebres, ante Lions, tuvo la mitad. Jaguares, en el debut del 2018, curiosamente, perdió por 8 puntos ante Stormers  (1 v 3 tries, igual que ayer) y tuvo apenas 8 quiebres. El año pasado, en ese partido, el talón de Aquiles fueron las formaciones fijas. Este año lo fueron los rucks, ante un rival que es “el puto amo” en esta situación y sobre quien no se tuvo éxito alguno en eludir la amenaza de Malcom Marx, que era una fija. Tal es así que jugó los ochenta minutos. Ganar sólo el 91.3% es muy bajo.

Los turnovers… 22 es mucho, demasiado. Se puede entender en un primer partido de súper nivel y súper exigencia después de no haber tenido salvo el amistoso ante Uruguay (un partido sui generis), pero este número debería ser al máximo en la temporada. Nada más de 15 resulta adecuado en este nivel.

Y los penales: dos en los minutos iniciales. Catorce en total (¿algunos finitos? Si, definitivamente) pero ahí están en la planilla. Otra vez, demasiados.

Más que a Bulls, rival conocido y que sabemos con qué va a venir a hacer daño (le ganó al Stormers con el peor partido de la última década, posiblemente), lo que hay que mirar es a Crusaders que le ganó con lo justo a Blues, que será el tercer desafío para Jaguares.

Para los de Canterbury: más del doble de Clean Breaks, la mitad de turnovers, el más alto porcentaje de rucks ganados y si, muchos penales.

Pero es Crusaders…

Una semana tienen Quesada, Bordoy y Fernández Miranda para usar toda la información recolectada, en su favor. Para ellos será como afinar una guitarra que no se ha tocado por mucho tiempo. Si bien no sonó mal, puede y tiene que sonar mejor y para eso, habrá que apretar ciertas clavijas y tal vez, cambiar algunas cuerdas.

 

 

Defender así y dominar el breakdown, es dominar el mundo

Defendieron como leones y se llevaron el partido. Todo el oficio puesto en ese sentido para que la visita domine en ese aspecto a Jaguares y gane como ganó. Fue sumamente aplicado y respetuoso de lo que tenían que hacer.

Tackle, trabajo supremo en el breakdown, todas las mañanas y estrategias para o pescar -especialidad de la casa- o hacerle deliberadamente lenta cada pelota a Bertranou. Todo eso, salió perfecto para Lions. Eso, y anotar en cada una de las chances que tuvieron.

Marvin Orie y Herbst fueron los que se plantaron como líderes en el rubro defensivo y los demás delanteros se sumaron a la tarea. Ese gran trabajo le facilitó las cosas a Jantjies y Groom y le complicó bastante a Bertranou y muchísimo a un incómodo Díaz Bonilla, que careció de la determinación para ir él a intentar por algún lado y no sembró las dudas en la defensa de Lions. Fue prolijo y obediente, y eso fue lo que le simplificó el trabajo al rival.

Warren Whiteley, entrevistado por Hablamos de Rugby de manera exclusiva post partido, dejó entrever que todo lo realizado por Lions fue perfectamente estudiado, deliberado y que les salió.

Entremos en la sección ¿Qué hubiese pasado si?
Si Jaguares hubiese anotado los tries que no anotó pero para los que trabajó afanosamente, con un desgaste de energía muy grande, que dio muy pero muy pocos réditos…
Si en lugar de ir a buscar el contacto en las inmediaciones de Marx y Schoeman, buscaban a ellos deliberadamente como hicieron ellos en varias oportunidades con Creevy, para que no pesque…
Si para salir de campo propio -en una puntual del 1T- en lugar de apostar al poderío físico de Lavanini obligándolo a que aislado, fuera a chocar -lo pescaron dos veces por esta situación- se despejaba con el pie y no se exponía la pelota en este lugar…

Seguramente, el resultado hubiese sido otro. Pero no se puede hacer este tipo de especulaciones. Gonzalo Quesada dijo una gran verdad en la conferencia de prensa post partido: “del partido de hoy nos llevamos mucha información“. Él no lo dijo porque no le preguntamos, pero este partido fue una suerte de choque de pre temporada ante un rival poderoso. Fue ese partido que le hubiera gustado tener antes del inicio del certamen, pero que no pudo tener. Toda la información obtenida va a ser valiosa de cara al futuro. Eso es una verdad innegable.

¿Hoy se falló en aspectos puntuales? Si.

¿Mejorables todos? Sin dudas.

Jaguares necesita velocidad en la salida del breakdown para que la inercia generada otorgue los quiebres necesarios. Hoy, eso puntualmente, no fue lo que se esperaba.

Se viene Bulls, que debe ser uno de los equipos más parecidos a Jaguares que hay. Si Quesada aprovecha la información de hoy, en siete días puede dar un paso adelante.

Hacer alarde de ser Super no es para todos

Las primeras líneas de este artículo bien podrían ser también, las últimas. Menos en la paga a los jugadores y por eso la emigración, acaso también en las afluencias de público aunque eso es discutible, en todo lo demás, el Super Rugby hace alarde de Súper. He aquí el porqué.

Por Eugenio Astesiano

Este viernes comenzará una nueva edición del certamen que tiene, reúne y distribuye en diferentes franquicias a los mejores exponentes del rugby del hemisferio sur, sin dudas y en paralelo, del mundo. O casi.

Para muchos de ellos será la última edición, el último show antes de mudarse de hemisferio cuando una cantidad importante de figuras pongan proa a Inglaterra, Francia, Gales e Irlanda.

Por eso, es que hay que sentarse a ver este torneo que va a ser disruptivo en muchos aspectos. En este año eminentemente mundialista, lo que pase acá con y en las franquicias impactará de manera directa en los seleccionados acá representados y, que uno de ellos sea el anfitrión y los otros cuatro, los últimos semifinalistas del Mundial 2015, tiene su atractivo y su morbo también.

Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia, Argentina y Japón tienen representantes en este torneo que tiene escasas aristas negativas por donde se lo mire. ¿El horario? Seguramente sea una de ellas. Pero no mucho más.

Hay al igual que en 2018, un total de quince equipos conforman este torneo, divididos en tres conferencias de cinco integrantes cada una: la Conferencia de Nueva Zelanda, por Blues, Chiefs, Hurricanes, Crusaders y Highlanders.

La Australiana tiene a Reds, Watarahs, Brumbies, Rebels y Sunwolves (JPN). La Sudafricana la integran Bulls, Lions, Sharks, Stormers y Jaguares (ARG).

El elenco japonés, Sunwolves, tiene una vinculación muy fuerte con Dunedin y con Highlanders. Jamie Joseph, actual entrenador del seleccionado nipón, lo fue hasta haca casi nada de Sunwolves y previo a eso, de la franquicia de Otago. Tony Brown, actual Head Coach del elenco con base en el Prince Chichibu Memorial de Tokio, no sólo fue jugador de los ‘Landers, sino uno de sus jugadores más emblemáticos. Fumiaki Tanaka, el medioscrum titular de los Brave Blossoms y de los Wolves también lo ha sido de… claro. Highlanders.

La franquicia nipona ha sumado nombres de peso a sus filas. Al ser casi todos o todos extranjeros, lo que es bueno por una lado para Sunwolves, es malo para el seleccionado japonés, en una clara muestra de que las paralelas se tocan y es la propia JRFU la que se ha encargado de hacerlo posible.

Brumbies no tuvo un gran 2018 y la realidad es que ha sido uno más porque nadie en Australia ha tenido un gran año, realmente.

Dan McKellar reemplaza a Stephen Larkham como Head Coach y el cambio tiene desde ya un impulso positivo. El ex apertura de la franquicia y del seleccionado, otrora enorme jugador, no ha conseguido como Coach los éxitos que se preveían podía haber llegado a conseguir en lo que es casi, su casa. La capitanía de Lealiifano es un faro, sin dudas. El jugador es emblema y en mucho de su accionar al mando de la camiseta número diez rondará la producción de los de la capital aussie, conjunto que rebosa de nombres propios y de peso (Slipper, Carter, Sio, Kuridrani, Arnold y David Pocock como rutilantes) pero que necesita amalgama y cohesión en el juego, dos aspectos de los que ha adolecido.

¿Rebels retomará el ímpetu? ¿Volverá a ser Cinderella a las 23:50, cuando aún es la bella princesa? Dave Wessels entiende que tiene con qué y a juzgar por los nombres, no se equivoca: el capitán Dane Haylett Petty, Matt Toomua, Ruru, Uelese, Koroibete, Reece Hodge más la dupla Will Genia – Quade Cooper digamos que invitan a la esperanza. Si todas las pelotas que consigan van a ir hacia afuera, es una pregunta de respuesta un tanto obvia con estos nombres y apellidos. Adam Coleman e Isi Naisarani son los delanteros de renombre para un equipo que requiere atención. En todo sentido.

Waratahs tiene, con la renovación de contrato a Daryl Gibson hasta 2020, un -aparente- tema resuelto allí aún, si los resultados no llegan. Lo de “no llegan” es deliberado porque en 2018 han llegado. Fueron los representantes de la Conferencia en playoffs pese a los malos pasos que dieron al inicio de la temporada donde no hallaban el rumbo rugbístico. Sin decir que finalmente lo encontraron, podemos aseverar que han sido un rival de cuidado porque eso está claro y lo estaba desde antes. Los de Sydney cuentan con un personal de indudable categoría: Israel Folau, Bernard Foley, Kurtley Beale, Rob Simmons, Ned Hanigan y todos, capitaneados por el extraordinario Michael Hooper, que -apenas- tiene 27 años. No parece.

Dentro y fuera de la cancha, Reds ha sido -por los asuntos con Karmichael Hunt (hoy en los Tahs), James Slipper (en Brumbies) y Quade Cooper (en Rebels) una franquicia golpeada, averiada. Con enormes dificultades rugbísticas, el equipo de Brad Thorn es una verdadera incógnita. ¿Con qué pueden salirse los de Brisbane? En principio, un equipo de impronta e índole absolutamente juvenil. Scott Higginbotham es el más veterano, con apenas 32 años. ¿El resto? la enorme mayoría no pasa los 23 años. ¿Talento? Seguramente aparezca. ¿Cómo se gestiona un equipo así? Todas las respuestas están en las manos del ex Segunda línea de los All Blacks.

En Sudáfrica, si bien ha habido una diáspora, también la llegada de viejas glorias y el amanecer de nuevos valores con experiencia en Currie Cup le da a los cuatro sudafricanos y a Jaguares, aires de renovación. También, en los Staffs.

Pote Human será el encargado de conducir los destinos de Bulls. La salida de John Mitchell junto a Eddie Jones a la Inglaterra hoy prematura y nuevamente candidata a campeona del mundo le dejó al Head Coach del equipo en la Currie Cup el camino abierto para hacerse cargo de un plantel que tiene contrataciones de peso. Pesos pesados.

El regreso de Cornal Hendriks a una punta desde el ostracismo impuesto por una afección cardíaca recuperada, la velocidad de Rosco Speckman a la otra más la llegada de sus majestades Duane Vermeulen y Schalk Brits le dan al equipo de Pretoria un ímpetu que, de demostrarlo en el juego y sostenerlo -hay que decirlo, el año pasado tuvo un resurgir- va a dar que hablar. Poderío físico, sobra.

Sharks querrá consolidarse como el equipo de la fuerza. En Durban apelan a mejorar lo realizado en la temporada pasada, pero no va a ser fácil. Un pack temible, potente, grande y su correlato en los backs. Hay juventud, pero predominan la experiencia y las mil batallas de unos delanteros con oficio y que son, sin lugar a dudas, el corazón. Altura y peso sobran también en las inmediaciones del Kings Park.

Habrá que ver qué más tiene para ofrecer el equipo de Robert du Preez en el campo. Lo que parece verse es que va a costarles conseguir dinámica digamos… de los equipos del sur. Scrum, maul, juego cercano al punto del contacto y mucha rispidez y potencia en los backs… eso viene en el ADN.

Stormers es hoy a Sudáfrica lo que Reds a Australia. Una franquicia con problemas de toda índole fuera de la cancha sobre todo desde el final de la temporada pasada, lugar al que se trasladaron todas las frustraciones rugbísticas del 2018 dentro del verde césped. Los de Ciudad del Cabo atraviesan desafíos emocionales y de juego. Conatos de coup d’etat de los jugadores para con Paul Treu, la nueva presidencia de Western Province Rugby Union comprometida a no gastar un sólo Rand de más para no terminar de desfinanciar a una unión con serios inconvenientes económicos… todo ese ruido intenso repercutió y caló hondo. Habrá que ver si Robbie Fleck y Siya Kolisi logran encausar los humores y enfocar las energías hacia el lugar que deben enfocarse. Jugadores de nivel, hay. Historia y tradición, también. ¿Desafíos para todos? De sobra.

Lions está en un equilibrio a priori, precario. Dos subcampeonatos seguidos pusieron a muchos de sus jugadores en el mercado europeo. la sangría fue imparable y así se han ido jugadores fundamentales. Pero si algo ha demostrado Lions con Ackermann primero y con De Bruin después es la capacidad de reinvención y adecuación. La cantidad de promocionados del equipo de Golden Lions (el que juega la Currie Cup) es profusa y tiene futuro. Dos pilares como Sadie y Dylan Smith tiene un enorme futuro en el rugby sudafricano, casi tan grande como su tamaño y tienen una inmejorable oportunidad de demostrarlo. Backs con pedigree de Junior Springboks como Gianni Lombard y Wandisile Simelane también van a hacer su aporte a un equipo que perdió jugadores pero no las mañas y la cadencia para lastimar con el rugby sudafricano menos sudafricano de todos.

Nuevo. Esa es la palabra que puede definir a Jaguares. Staff completo, muchos jugadores, capitán y por lo que se ha podido ver en los entrenamientos, también formato de juego. Todo eso, nuevo.

Para los argentinos es un nuevo desafío físico, mental y de probaturas este año de Super Rugby. Se han sumado jóvenes con presente promisorio, talento indiscutible y futuro inabarcable. Eso, sumado a la experiencia de un plantel que va a tener acaso por primera vez en esta cuarta temporada y tras haber alcanzado los playoffs en 2018, la oportunidad de demostrar y poner en campo algo de la tan mentada rotación (de minutos) sobre la que tanto se ha machacado pero que ha tenido poco suceso en puestos o jugadores claves. Todo indica, apunta y señala que va a ir en esa dirección: rotar, variar. Eso, en la previa, como ideal y casi como expresión de deseo. La realidad es que no parece que vaya a ocurrir al principio. Gonzalo Quesada tiene una temporada larga por delante en la que va a experimentar por primera vez las lides del sur.

Para el final, quedaron las fraquicias kiwis. Lo que ocurre es simple. Aquí, la pelea es por cuál de ellas no clasifica a Cuartos de Final. Mejor dicho, cuál de ellas es la que menos puntos suma. Su competencia es aparte, es como otra liga de nivel superior en un Super Rugby que tiene buen nivel.

Blues cambió Head Coach. Leon MacDonald reemplazó a Tana Umaga (que se quedó en el Staff) y sumó a nada menos que a Ma’a Nonu. A los 36 años, el centro no sólo sigue vigente, sino que se ha puesto como meta regresar a los All Blacks.

Blues… parece increíble que, con una franquicia tan poderosa, con un plantel rico, útil, versátil y con enormes posibilidades en cuanto a nombres, puestos y jerarquía sea tan irregular y con una volatilidad mental tan a flor de piel.

Sonny Bill Williams (más nominal que efectivo), Akira y Rieko Ioane, Dalton Papali’i, Patrick Tuipolotu -capitán-, Otere Black, Jimmy Tupou, Caleb Clarke… ¿Cómo puede ser?

Esa es la pregunta que Leon MacDonald y Auckland quieren responder.

Chiefs va con la heterogeneidad y su mano tendida para quien la quiera tomar. Un equipo el de Colin Cooper que puede encontrar agua en el desierto y da la sensación de que la prescindencia de algunas de sus figuras más determinantes ante la más mínima señal de lesión, cansancio, resfrío o una mala noche de sueño hará que Damian McKenzie, Brodie Retallick, Sam Cane y Anton Lienert Brown no sean de la partida. Por lo demás, la llegada postrera de Stephen Donald -huelgan las presentaciones- al equipo tiene como objeto dotar de experiencia a una plantilla joven y briosa, con las condiciones más que sobradas para hacerle pasar una noche de terror al más pintado. Y entre ellos, los nuevos aprendices de magos, está Etene Nanai Seturo. Sólo 19 años, pero escucharemos y veremos magia de él. Eso esperamos todos.

Hurricanes parece que imitará a Chiefs. La diáspora tiene aquí uno de sus epicentros para después del Mundial. Y con el Mundial, justamente, no está la cosa para arriesgar y poner en cancha por muchos minutos innecesarios a la constelación de All Blacks que nutren sus filas. Ardie Savea, Beauden y Jordie Barrett, el capitán Dane Coles, Milner-Skudder, Laumape, Perenara, Fifita… tal vez ellos vean la acción justa y necesaria ante los rivales justos y necesarios. El resto, que es una verdadera elite, tomará sus respectivos lugares y la nueva promoción hará lo suyo.

John Plumtree tiene que ocuparse, pero honestamente, difícil que necesite preocuparse.

Aaron Mauger y sus Highlanders tal vez sean el equipo más infravalorado de las franquicias kiwis. No van a resaltar, no van a brillar pero van a ser siempre enormemente eficientes. Un equipo de convicciones firmes, podríamos decir.

Elliot y Ash Dixon, Frizell, Squire, Parkinson, Coltman, Luke Whitelock… ellos le dan al pack lo que hace falta. No son fulgurantes, pero qué importa. En Dunedin no van a escatimar esfuerzos ni rudeza para hacerse con uno de los lugares de Cuartos de final. La partida de Lima Sopoaga supuso, como para Jaguares con la de Nicolás Sánchez, el desafío de buscarle un reemplazante que estuviese a la altura. Y si bien no lo hay de esa calidad, Marty Banks y Bryn Gatland (sí, el hijo) pueden cumplir bien la función distributiva.

Un pack que tiene eso que destacamos también en Sharks: poderío y fricción asegurados. Y backs que son una tromba con fortalezas físicas inigualables (Faddes, Buckman, Thompson, Li, Naholo) bien guiados por delante y en el fondo por Sr y Sr Smith. Aaron y Ben.

Atención con un buen comienzo de los Highlanders…

Y finalmente, el campeón.

Crusaders va por una nueva corona. Scott Robertson lo entiende así y no hay que ser erudito para poder determinar que los de Christchurch pueden repetir el cetro una vez más como en 2017 y 2018.

¿Va a haber rotación? Por supuesto, qué duda cabe. Los All Blacks van a ver acción cuando sea menester. Pero lo cierto es que aquí siempre ha habido rotación. Ocurre que la regularidad del equipo es tan abrumadora, los que entran hacen tan bien su rol que ¿alguien se acuerda que Kieran Read jugó poco en 2018? La realidad de los nombres supera a la ficción de su rendimiento dependiendo quien juegue. No hay tal cosa.

Perdió nombres (Tamanivalu, Crockett, Samu) pero promueve otros que llegan en altísimo nivel pero en silencio sin alardear, fiel a la tradición de Canterbury y de Tasman Makos en la Mitre 10, equipos de los cuáles se nutre y que no hace falta decir los éxitos de los mismos en esa competición…

Crusaders tiene muy pocos flancos débiles. Y si los tiene o aparecen, no tardarán en recomponerlos durante una competencia de largo aliento como esta.

Panorama lo menos extenso posible para un torneo extenso, excelso y plagado de novedades. Como señalamos al comienzo: menos en la paga a los jugadores y por eso la emigración, y en las afluencias de público aunque eso sea discutible, en todo lo demás, el Super Rugby hace alarde de Súper. Y le sienta de maravillas.

Un equipo de jugadores en desarrollo. Ni más, ni menos.

Argentina XV fue, en su victoria contundente 45 a 14 sobre Estados Unidos, una clara demostración de equipo maduro, concentrado, convencido y dispuesto.

El partido fue dominado de punta a punta por los conducidos por Nacho Fernández Lobbe y no hubo jugadores que hayan estado por debajo de los siete puntos, si es que sirve esto para demostrar el nivel de regularidad exhibido por los protagonistas y en cada uno de los departamentos.

Excelente en ataque, bien resuelto y estructurado. Excelente en defensa, firme y organizado. Bien el scrum, bien el line (aunque tuvo un pasaje errático) un gran try provino de esa formación en primera fase.

¿Es el techo del equipo? No. ¿Es el piso? Tampoco. Seguramente haya altibajos, haya rotación y hasta haya en algún momento carencias, pero lo que tiene que quedar en claro es para qué sirve Argentina XV: no es un equipo en desarrollo como a veces pretenden equívocamente, vender. Es un equipo con jugadores en desarrollo y varios, en diferentes niveles de desarrollo -disculpen ustedes la redundancia- con lo cual, la actuación en Cipolletti -impecable escenario el de Marabunta RC como lo fue Neuquén RC siete días atrás- lo que hace es solidificar el concepto.

Salgan campeones, últimos o en mitad de tabla, el objetivo siempre será el mismo: desarrollar jugadores. Aún, en la Currie Cup First Division. No importa dónde, este equipo es para eso.

Como siempre, no olviden ingresar en nuestro canal de IVOOX para tener enseguida las previas y los comentarios del Seis Naciones, por Javier Señarís @rutgerblume

También nos pueden seguir en nuestro Instagram @hablemosderugby

El lunes, a las 18hARG y 22hESP un nuevo programa, el último antes del inicio del Super Rugby.

Ph crédito: UAR

Por Eugenio Astesiano

El Mundial de Japón ya está patas para arriba

¿Irlanda ya no es candidata al Mundial?

¿Inglaterra es la única que podrá con los All Blacks?

¿Italia va a ser relegada del Seis Naciones?

¿Escocia tiene un plan claro de acá a Japón con las lesiones de sus terceras líneas?

¿Francia perdió pero salió ganando con la experiencia de los juveniles?

¿Gales es la fortaleza mental?

Todo eso, lo explica en parte Javier Señarís en nuestro canal de Ivoox.

El lunes, en el programa, les completaremos la idea.

También empezó la Americas Rugby Championship. Pero eso, en otro post…