Defensa y Justicia

Para nosotros fue como el primer partido real de pretemporada. La semana que viene vamos a estar mejor” dijo Gonzalo Quesada, con calma y seguridad inmediatamente post Lions. Los hechos -y lo que se entrenó en la semana- le dieron la razón porque ante Bulls, Jaguares dio un pequeño pero imprescindible salto de calidad en varios aspectos. Por eso, la victoria fue justa y merecida.

Por Eugenio Astesiano

Lo de pequeño no es para minimizar el hecho, sino porque tampoco se necesitaba dar un gran salto. Dos cosas notorias: Con ajustar el trabajo de Díaz Bonilla, exigiéndole más confianza, protagonismo y personalidad, el equipo tenía que mejorar. Y lo hizo. La actuación del apertura fue más que aceptable. Si bien tuvo algunas situaciones en las que el uso del pie y el pase lejos de la defensa fueron como ante Lions, su cobertura defensiva, la generación de dudas en sus marcadores cuando tuvo la pelota y su calma para acertar penales y conversiones decisivas, fueron determinantes. Y Tito trabajó con relativa comodidad porque Tomás Cubelli, en su debut oficial con la camiseta de Jaguares, fue fundamental.

Lo otro que se ajustó fue la defensa del maul. El entrenamiento de Jaguares del martes pasado tal vez haya sido uno de los más intensos en este aspecto, en todos y más amplios sentidos del término. Dio sus frutos.

En general, si mejora el apertura, es porque adelante la cosa camina mejor. Los forwards argentinos fueron superiores a los grandotes de Bulls y contuvieron a la perfección a todos sus ball carriers. Ni Vermeulen, de Jager ni Liebenberg fueron amenazas. Odendaal, tampoco. Ninguno de sus primeros receptores tras las formaciones fijas lo fue. Desde ahí, desde el tackle (y cuando fue necesario, los tackles) Jaguares empezó a construir su partido, ganó en confianza y fue dominante. Y por estas razones es que el partido de Marcos Kremer fue supremo. Su dominio físico en la línea de ventaja junto con la colaboración de Tomás Lavanini, otro que trabajó a destajo, le cerraron la puerta de entrada a la táctica principal de Bulls. Jerónimo de la Fuente y Matías Orlando y luego Matías Moroni también cerraron la frontera en el centro. Literalmente, el equipo de Pretoria no tuvo donde ir.

Eso obligó a que Pollard tuviera que usar mucho más el pie que lo deseado y lo llevó a pararse un poco más atrás. Papier -uno de los puntos débiles de la visita junto con Cornal Hendriks- no le hizo ningún favor con sus pases y con su falta de convicción para animarse a buscar alternativas porque, dos cosas: Bulls sí tuvo la pelota, pero bastante lejos de las veintidós de Jaguares y porque se desprendió de ella porque casi nunca había donde ir. También, hubo otro motivo.

Y acá, uno de los puntos bajos de los tres del fondo argentinos: el juego aéreo. Por momentos, cada pelota de Pollard al lluvioso y húmedo cielo de Vélez fue la rueda de la fortuna: que salga lo que salga. Jaguares tuvo fortuna, porque ni Tuculet ni Moyano brindaron la seguridad habitual para desactivar esa última carta de Bulls y por eso esas pelotas fueron peligrosas. Como tampoco la visita tuvo en sus cargadores una noche para recordar, lo que pasó cuando la gravedad hizo lo suyo fue casi siempre, fortuito y con buena cuota de bonanza para Jaguares. Una noche sin agua posiblemente no hubiera generado problemas para Tucu y Moyano.

Así, entre rudeza en la zona de contacto, con el breakdown controlado y mucho mejor arbitrado que ante Lions, con la línea de ventaja asegurada, con formaciones fijas correctas y con un try de pelota recuperada, Jaguares no pasó sofocones. Pero en cuanto los penales evitables hicieron su aparición, la puntería de Pollard hizo estragos. De a tres y con veinte minutos por jugar, Bulls se puso al frente 12 a 10 sin haber ingresado prácticamente nunca a campo profundo rival.

A los 63′ se produjo el punto de quiebre del partido. Line y maul de Jaguares en cinco metros de Bulls, bien conducido, bien manejado culminó con Bruni -recién ingresado- en el ingoal sudafricano y a partir de allí, se apagó la resistencia física y mental de los de Human.

Inmediatamente, un penal de Díaz Bonilla y el try de Delguy para el bonus luego de una gran jugada, le puso el broche lógico y merecido a un partido en el que el equipo de Gonzalo Quesada, fiel a sus palabras, estuvo mejor. Tanto mejor que por primera vez en el Super Rugby, Jaguares terminó sin tries en contra. Eso, en este torneo, es un hito muy reseñable.

Y cuando se plasma en la cancha lo que se entrena en la semana, ni que hablar.

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