La performance deja un profundo disgusto generalizado

Seguramente ese sea el sentimiento que Gonzalo Quesada, su staff y jugadores tengan tras la pobre actuación de Jaguares en Ciudad del Cabo, en una derrota que podía ocurrir, pero no de la manera en que ocurrió. Eso, claramente, no era lo que estaba en los planes.

Por Eugenio Astesiano

¿Cuál puede ser una explicación a lo que pasó?

Uno de los aspectos centrales del partido pasó por el contacto y la agresividad. En eso, la distancia en el marcador se ajusta a derecho. El pack de Jaguares fue superado y por momentos, de manera amplia, por su contraparte y ni que hablar, los backs. Si algunos de los delanteros opusieron una férrea resistencia e intentaron torcerle el rumbo al partido -que había comenzado muy bien para los argentinos- esos fueron Montoya, Vivas, Medrano y Petti. El resto no pudo, no supo o no encontró la forma de frenar a sus rivales.

Entre los backs, Tomás Cubelli fue el único que se hizo carne de lo que pasaba cuando las cosas estaban bien y cuando estaban mal. El resto, fue superado ampliamente.

Volvamos a esos primeros diez minutos esperanzadores, en los que Jaguares estuvo con férreo control de las acciones, sin cometer penales y con dinámica. Eso, más el try de Delguy, consolidó lo que eran expectativas para llevarlas a la realidad.

Y hasta ahí, podemos sumar algunos minutos más en el inicio del segundo tiempo… todo lo demás se jugó donde, cómo y de la forma que quiso Stormers, con Siya Kolisi como estandarte y PS du Toit, Etzebeth y Shickerling como laderos.

En la previa anticipábamos que el pack que dominara al otro en el piso y en el contacto, se llevaba el partido. Así fue. En la primera parte de la pulseada, fue el de Jaguares el que comandó pero, en todo el resto, el local fue superior, más de lo que se deseaba y estaba previsto.

En las formaciones fijas, lo que iba a pasar, pasó una vez más: un line out parejo para ambos y un scrum fuerte para Stormers y muy irregular para Jaguares que, es obvio y redundante mencionarlo, cuando lo jugó como se debe para esta competencia y con el personal adecuado que tiene -rápido por canal 1- funcionó. Cuando se pretendió hacer otra cosa, simplemente no.

Pasado el primer cimbronazo para los locales, en sus primeros embates en veintidós metros de Jaguares y con su primer try en el haber, desde ahí, todo les fue relativamente sencillo. Sin estridencias, sin lujos, sin altisonancia pero de manera muy frontal y agresiva, todas las pelotas que tocaron primero Du Plessis y luego Willemse fueron propiciatorias de generación de peligro. La tarea fue simple: que los dos defensores más endebles de Jaguares (que luego con la salida de Delguy fueron tres) estuvieran muy preocupados en tacklear mucho y sentirse en apuros siempre. Así, Díaz Bonilla, Ezcurra y Cancelliere se las vieron negras para hacer pie en una faceta del juego en la que se sabía de antemano, les cuesta bastante.

Por más que Moroni y Cubelli se desdoblaron, por más que Tuculet estuvo siempre atento pero revolando los ojos porque las amenazas llegaban por todos lados, ese hándicap defensivo ocupó la cabeza de unos y otros. De los que atacaban y de los que defendían.

En contrapartida a Du Plessis y Willemse, que manejaron con relativa calma y justeza las pelotas de baja y media calidad que les proporcionó Jantjies (un 9 flojo para Stormers), al revés, Díaz Bonilla jamás pudo aprovechar las pelotas de calidad media o alta que le dio Cubelli. Al ceder metros e iniciativa ante la presión de una tercera línea implacable y de un tándem 10-12-13 muy poderoso en defensa, el apertura de Jaguares lució dominado, controlado, incómodo, acuciado y fastidioso, sin saber cómo salir del atolladero impuesto por el rival, aún a pesar de contar con -insistimos- pelotas de calidad (tampoco tantas) que los delanteros y el 9 argentinos le pudieron dar. Y atención, que así y todo, con su apertura en un nivel muy discreto, jugando muy atrás, prácticamente parado, con sus backs planos, Jaguares pudo vulnerar la defensa de Stormers en varias ocasiones. Y algo más: la seguridad que da Delguy en ataque, Cancelliere no la puede ofrecer. Su salida prematura repercutió, inevitablemente, en el andamiaje del equipo.

Aún con este panorama, la diferencia del primer tiempo (8 puntos) invitaba a creer, porque había con qué. Esa diferencia, establecida merced a la gran puntería de SP Marais, era escasa y alentadora. Había en el ambiente, para Jaguares, sensación de partido sin dominio, pero bajo control.

Y hubo diez minutos del segundo tiempo -los primeros- en los que pareció que los engranajes que mueven a un equipo se ponían finalmente, en funcionamiento. Ahí se recuperaron la iniciativa y el ímpetu. Sin demasiado esfuerzo se situaron en campo de Stormers y hubo una jugada de try en la que Medrano no logró retener la pelota al apoyar. Lo que pareció que ponía a Jaguares otra vez en carrera, fue el principio del fin. Esa jugada devino en knock on, scrum en contra, de allí un penal, a jugar a campo propio y tras varias situaciones, llegó el try de Kolisi (el MOTM).

Lo que debió haber sido 16 – 13 pasó a ser 23-8 y desde ahí, el derrumbe físico y mental de Jaguares fue aumentando conforme pasaron los minutos. Los últimos treinta fueron la muestra de todo lo que uno no quiere ni desea ver de este equipo. Como era previsible, ni los cambios ni los riesgos tomados fueron propicios. El descontrol fue in crescendo, el sometimiento en el contacto también y Stormers aprovechó eso para sacar un punto bonus merecido.

Durante cincuenta minutos, cada uno de los equipos aportó al juego todo lo malo y todo lo bueno que habían mostrado en fechas anteriores. En los últimos treinta, Stormers mejoró sustancialmente su parte deficitaria a la vez que Jaguares aumentó sus errores y dejó de hacer lo bueno que le habíamos visto. Eso le puso el cierre a un partido que, para Quesada y en términos de nombres, le va a hacer mover sus opciones, sus ideas y sus andamiaje. Probar, ya pudo probar algunas cosas.

Acaso sea momento de probar otras.

 

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