El Everest, en ojotas y marcha atrás

Por Eugenio Astesiano

Una pila de nervios e imprecisiones. Cuantiosos errores no forzados. Penales innecesarios. Caras de desconcierto. La lucha permanente de Jaguares contra sí mismos, el sentirse observados y evaluados como si cada partido marcase el rumbo de sus vidas. Demasiada presión, al cabo, sin razón.

Y todo tiene que ver con la comunicación. Permítasenos ser contrafácticos en este punto antes de seguir.

Si Gonzalo Quesada este año, Mario Ledesma el año pasado y Raúl Pérez en las dos primeras temporadas, se hubiesen sentado delante de los micrófonos y hubiesen comunicado algo así como “Jaguares no viene a ganar el Super Rugby. Jaguares tiene la base de Los Pumas pero posiblemente nos permitamos cambiarla, modificarla, poner otros jugadores, seguramente nos vayamos a equivocar pero no será a propósito y sí con un propósito. Tenemos mucho para ganar si podemos probar jugadores y ver cómo rinden. Seguramente perdamos más de lo que vayamos a ganar pero el objetivo es otro. Tenemos una sola franquicia y queremos aprovechar esto para otra cosa y no para salir campeones”. Solo tal vez, la cosa hubiera sido -no hay dudas- diferente.

No fue así, claramente. Entonces, ese blindaje que pudo haber sido atendible, perfectamente posible, falló. Y el equipo fue juzgado como experto entonces, y ahora. Y seamos francos, lejos está de serlo. Le falta. Por eso, y no es la primera vez, este equipo se pone y se ha puesto solo en innumerable cantidad de situaciones peligrosas por ansiedad, por hiperactividad desprolija en lugar de actividad prolija o por querer hacer más de lo que las situaciones demandan. O tomar riesgos innecesarios. O querer meter el segundo tackle antes que el primero o querer hacer bonus ofensivo antes de meter el primer try.

Una ansiedad tremenda por conformar a todos en lugar de a sí mismos. Ese también es un error no forzado.

Jaguares se encierra y se ha encerrado así en su propio laberinto de manera permanente en casi todos y en buena parte de sus partidos esta temporada. No siempre ha salido airoso de esa situación. Hoy le ganó a Bulls, pero no es eso lo que debe primar. Es un aliciente, un alivio y una muestra de buen estado físico, de aprovechamiento de los quiebres y de los errores del rival en momentos críticos, cruciales. Por supuesto que sirve, pero este triunfo no es lo principal ni primordial.

Hoy y muchas veces esta campaña, Jaguares se ha encajonado en sus propios últimos cinco metros, ha defendido a destajo aunque aplicadamente, pero no pudo replicar eso en otro sector de la cancha, mucho más adelante y con menos riesgo y peligro.

Hoy y muchas veces esta campaña, ha cometido infinidad de penales innecesarios en campo propio y se ha puesto, como citábamos arriba, con el tujes contra su propio ingoal.

Jaguares tiene que hacer una introspección del porqué llega a ponerse en situaciones indeseadas por errores no forzados o penales innecesarios o de lectura y resolución de situaciones de juego que lejos de colaborar, complican. ¿De esta victoria heroica -tan heroica como la defensa del ingoal propio a cara de perro mucho tiempo- se pueden sacar conclusiones positivas? Si. Pero hay conclusiones negativas por poner en blanco y negro.

Lo molesto de esta victoria heroica es que pudo haber sido una victoria lógica, más o menos trabajada, prolija, pero lógica al fin de cuentas.

¿Por qué no fue lógica ni más o menos trabajada?

Porque Bulls le ganó en el contacto, en la lucha física, en la rudeza y fue muy prolijo, vehemente e inteligente para llevar la línea de tackle mucho más allá de la de ventaja. Eso le complicó de manera gigante la tarde a Rete González Iglesias que siempre tuvo delante (y casi estuvo rodeado) de una muralla roja y azul. No pudo nunca jugar ni cómodo, ni bien, ni suelto. Fue presa del rival y le costó una barbaridad lograr salir del asedio. Del Bulls, y del suyo propio.

Lizo Gqoboka y Burger Odendaal fueron los puntales del local. El gran trabajo de ambos sobresalió en un equipo que complicó mucho a Jaguares. La rusticidad del planteo del equipo de Pretoria no quita lo meritorio de haber conseguido empujar a los empellones a Jaguares durante setenta minutos, aunque sí hay que decir que la misma pericia para atosigar no la tuvieron para anotar. Jugaron mucho tiempo en 22m rivales y no encontraron la solución para derrumbarle la pared a Jaguares que como ya dijimos más arriba, está peligrosamente cómodo cuando defiende a metros de su ingoal.

Todo fue así y se puede explicar de esta forma, hasta el ingreso de Domingo Miotti.

El debut del apertura tucumano en Jaguares no pudo haber sido mejor. Minuto 71. Line a favor en campo de Bulls, jugada de varias fases y el tucumano, en su primera intervención, apoya su también primer try. Inmediatamente, acierta su primera conversión y Jaguares queda tres puntos abajo con siete minutos por jugar.

Acto seguido, ataca Bulls (que ya juega con dos menos por sendas amarillas inoportunas), pierde la pelota, contraataque preciso, directo y de mucha calidad de los backs argentinos y esa jugada culmina con Miotti -otra vez- en el ingoal. No se acierta esa conversión y si bien se revierte el score (22-20) Bulls queda a tiro de penal para ganar. Por suerte, otro knock on los priva de la posesión de la pelota con tiempo cumplido y Jaguares, tras ganar su scrum, gana también el partido.

Por supuesto que Miotti ha sido el héroe de la película. Alto, rubio y ojos celestes, rescató a la chica de las garras del ogro y volvió a casa con ella y los puntos de la victoria. Pero esta saga, sigue. Y somos expertos en endiosar al salvador. Somos paternalistas y exitistas. Pero esto ha sido algo único, épico y que seguramente no tenga correlación ninguna con lo que ha de venir. Se subió el Everest en ojotas y marcha atrás en la nieve, pero eso pasa una vez en mil años. No hay que llevar a Miotti al Olimpo. Hay que dejar que llegue solo. Él y todos los que esperan su oportunidad para demostrar que están a la altura.

Para destacar, el partido de Pablo Matera y de Tomás Cubelli. También, una acción crucial de Emiliano Boffelli en defensa y dos magistrales en ataque lo ubican entre ellos.

Lo que tiene que venir en Jaguares esta semana es recapacitar, analizar lo que pasó, darse manija para revertir los arranques esquivos y nerviosos y persistir en todo lo bueno hecho hasta acá, que no ha sido tanto, pero ha sido firme y fundamental.

Y si se pierde contra Sharks, no pasará nada, si es que se da en otro contexto de juego. En uno, que sea distinto al de hoy.

El de hoy, por favor, no más.

2 comentarios sobre “El Everest, en ojotas y marcha atrás

  1. Qué lucido análisis Eugenio, quizás disiento un poco en cuanto a que Jaguares no tenga la obligación de conseguir resultados, es un equipo profesional que si bien es banco de pruebas para Los Pumas, no debería entrar en una seguidilla de derrotas dado que eso se traslada a los rendimientos en Los Pumas.
    Tengo una pregunta en relación al rendimiento de González Iglesias. No debería haber tenido un plan de juego alternativo? Los entrenadores no vieron lo que vos marcas con respecto a la defensa? Le habrán marcado lo que decís?
    Creo que Cubelli no lo ayudo tampoco, no logrando sacar la pelota más rápido ni con mejores pases, lo que le quitaba segundos y permitía que lo ahogaran más aún.
    Por lo demás en todo de acuerdo contigo.

    1. Pero los resultados, también, son otros resultados. No sólo los de ganar o perder. Resultado también es que vos puedas confirmar si tenés o no tenés con qué alimentar JAG, o por dónde hay que ir, o dónde estás flojo… es un laboratorio. No nos podemos comparar con ninguna franquicia/provincia. La historia que tienen, la experiencia, la diversidad de recursos, los años de prueba y error, de éxitos y fracasos… no estamos acostumbrados a trabajar a mediano plazo. Y no siempre tiene que salir diez puntos todo. Qué se yo… yo trato de abrir la mirada un poco y no quedarme con el score solo. Igual, veo el partido y le hablo a la tele, ojo…

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