Pantalones largos

Por Eugenio Astesiano

Resulta un tanto extraño que, para una categoría en la que se supone hay que disfrutar de un rugby que los ve adolescentes por última vez, con esa frescura y desparpajo para jugar -que es lo que los lleva a ser destacados- haya que felicitarlos simplemente, por ganar.

Si ese fuese sólo el punto, pues, estaría mal.

Lo que siempre ocurre en los contextos de victorias y derrotas -al menos en este caso- pasa por el cómo y no tanto por el qué.

Los Pumitas ganaron con la autoridad que se suponía este equipo traía impresa pero que había resultado esquiva. Y por eso, dieron un indudable paso adelante luego de dos presentaciones plagadas de nervios, dudas, errores no forzados, penales evitables, alto porcentaje de tackles errados y otras situaciones que, claramente, no se identificaban con ellos. Es que estos chicos no juegan así y no estaban representándose a sí mismos con los partidos ante Gales y Fiji. Y habiendo jugado con más poder ante Gales que ante Fiji. Por eso, ante Francia, el equipo regresó a su eje, del que se había corrido.

Los Pumitas volvieron a ser ese equipo con aplomo, concentración y una encomiable actitud para defender con ahínco todas las ocasiones y situaciones en las que tuvo que hacerlo ante Francia, actual defensor del título y hay que decirlo, un gran equipo que pecó un poco de soberbia al no poner a su mejor alineación de entrada.

Los chicos argentinos demostraron que el “cómo” en la construcción de la victoria tuvo mucho que ver con el “cómo” se generó juego e impacto en la distribución y utilización de la pelota.

Hubo más protagonismo de los que se suponía tenían que ser más protagonistas y hasta ahora no lo habían sido, o no tanto: Mateo Carreras, Bautista Pedemonte, Manuel Bernstein, Juan Cruz Pérez Rachel, Joaquín de la Vega Mendía, entre otros que levantaron la mano y dijeron “acá estamos”.

Pero si hubo un jugador diferencial, fue el capitán. La actuación rugbística de Juan Pablo “Tito” Castro fue magistral. Pero fue la cabeza fría, la capacidad de liderazgo, de conseguir devolverle a Los Pumitas parte de la calma perdida en la vorágine en la que Francia los sumió (pasajes en los que el conjunto galo tomó la iniciativa) fue, en ese lapso y desde entonces, la figura de Castro la que asomó en toda su dimensión.

Todos los tries de Los Pumitas tuvieron algo diferencial, único. La corrida -ya patrimonio universal- de Gallo. El de Gonchi García después de una jugada genial, el de González después de otra jugada fabulosa, el de Dimcheff con ese maul dominante, el del propio Tito Castro en un slalom solitario…

Los Pumitas dejaron hoy la adolescencia. El partido ante Francia, a modo de sastre, les proveyó los pantalones largos que estaban reclamando y por derecho propio.

Ahora es entonces cuando arranca todo. De cero. Una vez más.

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