Humildad y trabajo

Por Eugenio Astesiano

A La Gioconda, la pintura renacentista de Leonardo Da Vinci, nunca se le ha terminado de definir si ese gesto en la boca que la hizo y hace aún hoy única e irrepetible es una sonrisa discreta, una señal de preocupación, o si es la gestualidad propia antes de una mueca de alivio.

Los gestos de Gonzalo Quesada tienen sesgos parecidos. Por eso, la sonrisa a pleno del viernes pasado hay que registrarla fotográficamente, porque no abunda. No porque no la tenga, sino porque más bien, es una persona de gestos adustos, casi de Gioconda, que vive y piensa más en el próximo movimiento, la próxima jugada, en cómo cerrar un partido y en cómo planificar el próximo que en vivir el presente y darse el permiso de distenderse y disfrutar después de una campaña inédita e histórica en la corta vida de Jaguares en el Super Rugby.

Pero, oh sorpresa, Gonzalo rompió el protocolo. Su protocolo. Se permitió a sí mismo en la Conferencia de prensa post Sunwolves ese momento de disfrute y de distensión que, después de siete victorias en los últimos ocho partidos y de ellas, cinco seguidas, le dieron el derecho bien ganado de ser el segundo mejor equipo clasificado a playoffs, sólo con Crusaders por arriba.

Jaguares anduvo de menor a mayor y es como debe ser. Los equipos, en los torneos de largo aliento, es importante cómo terminan y no tanto cómo empiezan. A Chiefs, quien será su rival de playoffs, le pasó algo similar. Y como le pasó a Quesada allá por la semana 6, Colin Cooper -Head Coach de la franquicia de Waikato- también estuvo muy cuestionado tras perder con Sunwolves en Hamilton. Si, con Sunwolves. La paciencia de ambos y la confianza en y de los suyos los llevó a ambos a cuartos del final.

Y más allá del resultado del partido del próximo viernes, la temporada de Jaguares va a ser para apreciarla en su justa dimensión un poco más adelante. Los debutantes no fueron sólo los jugadores que por primera vez se calzaron esta camiseta. Los entrenadores también fueron debutantes absolutos en el rugby profesional del hemisferio sur. Tal vez haya pasado desapercibido o no haya sido tan evidente por el perfil bajo que ostentan, pero el aporte diario de Andrés Bordoy y de Juan de la Cruz Fernández Miranda fue clave, vital y también, infravalorado y poco destacado por la prensa especializada. Pero ellos dos, con sus pecheras de water boys, vivieron cada partido al lado del terreno de juego y junto con los ojos de Gonzalo Quesada desde arriba, fueron los que comandaron y lideraron al equipo desde afuera.

Desde adentro, el equipo tuvo doble, triple y hasta cuádruple liderazgo. Y hay que decir -por si quedan dudas- que comando y liderazgo no son la misma cosa. Son complementarios. Los jugadores escucharon la voz de su capitán Jerónimo de la Fuente, pero también vieron su liderazgo hecho a base de constancia, compromiso, trabajo y humildad. Y junto a él, la de Juan Manuel Leguizamón, Agustín Creevy, Pablo Matera, Matías Orlando, Guido Petti, Julián Montoya y Tomás Cubelli. Ellos fueron líderes naturales, que asumieron roles marcados en el plantel. Voces con liderazgo, ascendente y ejemplos para el resto, por y en diferentes circunstancias.

Cada entrenamiento o al menos cada entrenamiento abierto para los medios, dejó sensaciones de grupo comprometido y convencido, unido, solidario, con las cosas claras y listo para hacer lo que mandaba cada momento. Eso fue una constante, tanto como que en la cancha se vio que el equipo hizo lo que entrenó. No hubo desbandes, salidas de libreto o libre albedrío en momentos de zozobra. Lo que no salió, se volvió a entrenar y a reforzar hasta que salió.

Los números son claros. Están en las estadísticas y quien quiera profundizar, las tiene a mano en la web de Sanzaar.

El del viernes es otra historia. No es un partido sencillo ni muchísimo menos. Es, fuera de la regularidad y potencia de Crusaders y de la clase y calidad de Hurricanes, el rival más complejo para enfrentar por el juego que es capaz de desplegar aún sin dominar. Tiene jugadores capaces de generar quiebres y a un conductor -Brad Weber- que si no es el mejor medioscrum de la temporada, le anda muy cerca.

El punto flaco, el talón de aquiles, está en el 10. Marty McKenzie primero y Jack Debreczeni después no lograron estar a la altura de Weber. Sí lo estuvo un jugador que es escasamente nombrado, pero es vital, fundamental en la estructura del equipo y lo será también en los All Blacks: Anton Lienert Brown. El pack tiene potencia, peso, altura, juego y muchos All Blacks. Sam Cane y Brodie Retallick como los obvios, pero están Nathan Harris y Atu Moli, está el canadiense Tyler Ardron -que esta temporada la rompió- y Lachlan Boshier, que hizo lo propio.

De todas formas, cualquier sea el resultado para Jaguares y para Chiefs, el que pierda podrá salir con la cabeza en alto, porque lo que han conseguido hacer esta temporada ya es para tomar nota, atesorar y ayudará en el futuro a otros, como ejemplo: Con humildad y trabajo, también se puede.

 

 

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