El VII de Caballería

Por Eugenio Astesiano

Costó un Perú de Oro 24 kilates. Los jugadores tuvieron que bucear profundo para sacar esa moneda del galeón hundido y tuvieron que hacer mucha fuerza y desgaste para subirla a la superficie a mostrarle a todos que después de estar muy abajo, se puede subir.

En todo sentido y con todos los sentidos, Jaguares hizo del cuarto de final en Vélez un partido de tres actos. La Mise-en-scène fue finalmente perfecta. Separada por partes, mostró las muchas caras o variantes que puede tener.

Para el primer acto, que duró diez minutos desde al arranque del partido, Jaguares hizo casi todas las cosas bien, pero falló en un aspecto importante: anotó sólo una vez de las tres que pudo hacerlo. Y, en lugar de ponerse arriba con una ventaja importante, sólo quedó 5-0. En ese lapso, de cabezas y cuerpos frescos, de iniciativa tomada y pelota y territorio bajo control, Jaguares se quedó corto.

Inmediatamente, el segundo acto que fue extenso, intenso y dramático. Desde ese minuto diez del primer tiempo hasta el minuto diez del segundo, esos cuarenta minutos de juego le pertenecieron a Chiefs por obra y gracia de Brad Weber y Sam Cane. Entre los dos (uno en la conducción y el otro en la contención) revirtieron la tendencia. El partido se salió del eje argentino y pasó a jugarse de acuerdo a las reglas que impuso la visita. Jugar lejos del ingoal propio, administrar sus pelotas rápido y obligar así a Jaguares a atender asuntos relativos a no perderle el ojo a Lienert Brown y a los tres del fondo. Por ello, Jaguares tuvo que salir muy rápido en defensa y eventualmente, cometer penales. Eso los mantuvo por un lado, en su campo y por otro, abajo en el score. Ambas cosas sucedieron y se sucedieron en ese lapso. Weber manejó los hilos del partido, Debreczeni fue muy prolijo y el pack de Colin Cooper, sin ser una maquinaria letal, fue lo suficientemente efectivo para poner en aprietos a una defensa argentina defendió en retroceso y que tardó en reacomodarse. En ese lapso, Jaguares lució partido y desenfocado en ataque, fuera de sincronía.

Dos cuestiones… La primera, la frustración y ofuscación que le entra a Díaz Bonilla cuando algo le sale mal. Y cómo su accionar es totalmente diferente cuando juega más cómodo, suelto y tranquilo. Segunda cuestión: Sam Cane se ocupó de buscar sacar de quicio a Agustín Creevy y lo logró. El ex capitán y caudillo quedó enmarañado en la pelea con el capitán de Chiefs y eso complicó su juego.

Sin embargo, todos los partidos tienen momentos cruciales o significativos que a veces, se descubren al final. La salida de Debreczeni y el ingreso de Marty McKenzie en su lugar y el ingreso de Montoya y Pieretto le dieron aire al que iba abajo en el resultado y complicó al que iba ganando.

Así, se llegó al tercer y último acto. Acá, en este fragmento final del partido, cuando restaban treinta minutos, fue cuando el VII de Caballería asomó detrás de la colina y entonces, el héroe de la tarde noche (uno de los tantos junto con Matera, Petti, Kremer y de la Fuente, pero sin dudas, el más destacado en ese lapso) tomó el protagonismo y todas las luces del escenario apuntaron a él. Matías Moroni apareció en toda su dimensión con dos tackles positivos y luego, un try cerca de los palos. A partir de allí, el partido cambió y ya nada fue lo mismo.

Con esas acciones, el “Moroooooooni, Moroooooni” que bajó desde cada lugar del estadio lo puso en un lugar de privilegio que él mismo construyó. Claro que aún nadie sabía cómo iba a ser el final…

También, el manejo de Díaz Bonilla y Cubelli de los tiempos, la acelerada energizante y revitalizadora del pack cuando avanzó y de la defensa poderosa, intensa, fulminante, de tackles demoledores, cuando tocó. Esa fue la que hizo retroceder a Chiefs hasta hacer que sus esfuerzos fueran inútiles. No iban a pasar, simplemente porque no había por dónde hacerlo.

Y para el final… el héroe. La pesca de Moroni de esa pelota dentro de los 22m de Chiefs (no había necesidad de sufrir así, el pick & go de Jaguares a 15 segundos del final debió ser la última acción, no penal en contra) desató el festejo, cerró el partido y abrió los brazos al cielo del entrenador argentino.

Es bien sabido que el libro de la historia la escriben los que ganan. A esta le queda un capítulo más, seguro, el viernes que viene y tal vez, uno más. Los jugadores le están poniendo la tinta y el papel. Gonzalo Quesada, Andrés Bordoy, Manasa Fernández Miranda y todo el staff de Jaguares, la tapa.

Un comentario sobre “El VII de Caballería

  1. Impecable resumen. Por mi parte solo insistir en que lo que pasocel viernes es el resultado de un trabajo serio.

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