Que haya más rugby siempre es mejor

Por Eugenio Astesiano

Llegó -finalmente- una liga de rugby profesional a Sudamérica. Algo que era necesario, imperioso y muy caro a los deseos de mucha gente para que el rugby siga su camino de crecimiento en el cono sur. Era la última región del mundo sin un torneo regional profesional.

Lo de “muy caro” es en todo sentido para los estándares de la región. Carísimo diríamos y, por ello, un torneo complejo para abordar tal y como fue pensado aunque, en líneas generales y a pesar de todo, se le parece bastante a la idea original y primigenia que, en forma de powerpoint, vio la luz allá por enero de 2017. Por ello, el esfuerzo detrás del lanzamiento de esta liga es gigantesco y ha involucrado a mucha gente por mucho tiempo. Algunas, desconocidas en el mainstream.

Sebastián Piñeyrúa como presidente de Sudamérica Rugby se puso la mochila al hombro y empezó a trabajar, a reunirse, a insistir para que la liga viese la luz. Por eso después de transpirar tanto la camiseta, la sonrisa del presidente de Sudamérica Rugby ayer era tan grande.

Pino Piñeyrua, el primer presidente no argentino de lo que fue primero Consur y ahora es Sudamérica Rugby, es una persona inquieta, movediza, locuaz, convincente y junto a Agustín Pichot -quién sino- han armado un tándem de ejecutividad SAR/WR que es evidente y, a la vista de los resultados, ha funcionado. Atrás de ellos, unos cuantos inquietos más también pusieron e hicieron lo suyo.

Hasta hace algunos años, Consur/Sudamérica Rugby era vista como un sello o el encabezado de un papel membrete o un mero apéndice de la UAR. Sin embargo, la cosa cambió y cambió rápido. Estratégicamente, muy rápido en el último lustro.

¿Por qué? Porque dos palabras se han escuchado y aún hacen eco. Busquen y encontrarán. Una es planificación y la otra, proceso.

Tampoco se puede crecer sin recursos y para que los haya tiene que haber planificación, proceso y además, resultados concretos y medibles.

¿Cómo se hace para hacer crecer a una región sin esas tres variables? Imposible. No nos quedemos con lo que se ve simplemente. Como ejemplo, valga el rugby femenino de Perú y Paraguay. Los que pudieron ver el Valentín Martínez habrán observado los progresos de ambas uniones y los progresos del rugby femenino en la región. Brasil ya se metió en el circuito como equipo y el número de jugadoras en Sudamérica no ha parado de crecer de a dos dígitos. También el año que viene se jugará la primera edición de la Americas Rugby Championship para M20.

Lo mismo, con la Super Liga.

Porque tras indagar, preguntar y analizar lo ocurrido en el detrás de escena del rugby en la región, se puede afirmar que desarrollar la Super Liga primero en papel y después empezar a armarla para poner en práctica ese desarrollo teórico (con Argentina como país líder de la región) iba a ser y fue, una tarea titánica. Todos los actores asumen también que lo será sostenerla.

Los costos del rugby son en dólares. Y obtener varios millones de dólares en el cono sur para llevar adelante un liga profesional de rugby -algo anhelado por muchos- no era, es ni será nada fácil. Y sin dólares no iba a haberla. Y no es fue sólo conseguirlos para que nazca, sino para que se sustente en el tiempo. Para que la liga, siga. Porque no sólo es (ni fue) conseguir los billetes, es (fue) convencer y trabajar para que los que invierten crean y se queden.

Eso, por un lado. Por otro, en Argentina -sobre todo en Argentina como espolón de proa- los habituales denostadores del rugby profesional nunca creyeron que este momento fuera posible ni que pudiera hacerse real. No a todos les interesa el crecimiento y la masificación del rugby como deporte, sólo les interesa el rugby como posicionamiento o bien social, que da cierto “status” o bien, les da poder en sus clubes. Caudillos. En cualquier caso, la palabra caudillo no ayuda.

Hoy, estos caudillos o caciques se preocupan más por saber cuántos jugadores “les van a sacar” que en saber que más gente va a poder ver rugby a nivel regional y que eso va a traccionar a mayor cantidad de potenciales jugadores a los clubes. Hoy, su preocupación central son los jugadores pero atención: los que tienen y son buenos. Los clubes -algunos- pretenden lucrar con eso con los famosos y nefastos “derechos de formación”, como si ellos fuesen los dueños de los jugadores amateurs, jugadores que, por esa condición, juegan al rugby porque les gusta y pueden elegir por ello, qué hacer de sus vidas.

No hay que negar lo evidente que se escucha a menudo porque ahí hay un punto de conflicto. Hay personas en muchos clubes que están preocupadas en “perder” jugadores (amateurs), porque eso “debilitaría” a sus equipos (amateurs), para pelear por un campeonato (amateur), que tiene en muchos casos staffs profesionales.

¿Se quejan porque pueden potencialmente perder uno o dos jugadores una parte del año -y tienen más de 100 jugadores por plantel superior para elegir- o se quejan porque no reciben dinero por “haberlos formado”? ¿Acaso muchos de esos clubes no traen o acogen jugadores de otros equipos del país? ¿Algunos de esos clubes son los mismos que niegan enviar jugadores M16 a los Centros de Rugby o Academias? ¿Por qué lo hacen? ¿Dónde está el prejuicio?

El rugby de siempre, el rugby de clubes, el rugby de los sábados y domingos, el rugby que le pertenece al jugador que paga su cuota social y paga también el tercer tiempo y los traslados, el rugby que hoy tiene más de cuatro estímulos semanales con poco descanso y que tiene también 120 años de historia -al menos en Argentina de manera formal- y que es el rugby que todos jugaron, juegan y seguirán jugando, hoy, además de Jaguares, tiene otros 6 equipos más en la región. El rugby de clubes no tiene nada que temer. Está bien resguardado. Y no debe combatir ni poner trabas al rugby profesional. Son complementarios.

Para muchos jugadores es una alternativa, una nueva posibilidad incluso hasta para una salida laboral en el deporte que aman y además, un lugar para seguir desarrollándose como personas, porque el rugby no abandona a quiénes lo juegan. El rugby no olvida ni descarta. El rugby suma siempre. El rugby ayuda. Es una herramienta para colaborar con las personas a desarrollarse.

En el rugby social de clubes, ayuda a las personas a formarse como tales. Es un apoyo al hogar y a la escuela. El rugby profesional, además de ser sólo para algunos pocos privilegiados, puede ser una ayuda económica también. Pero sólo para aquellos que tengan la capacidad, y las ganas. Nadie es compelido ni está destinado a ser profesional. Es una elección que además, es fácilmente reversible.

El rugby de clubes está temeroso, pero goza de excelente salud. Es cada vez más fuerte, más grande y se juega en los más diversos, exóticos e impensados sitios de Argentina y de América. A decir verdad, no tiene de qué preocuparse. El rugby profesional no viene a robarse nada. Viene a sumar exposición, viene a agrandar la base de la competencia y va a ayudar a darle en aquellos países qué más lo necesitan, un impulso más.

Bienvenida sea la Super Liga. Siempre más rugby, es mejor.

2 comentarios sobre “Que haya más rugby siempre es mejor

  1. Excelente nota. Donde decís lo que muy pocos se animan a decir. Desnuda la hipocresía de muchos, que hoy se nutren en jugadores y recursos de lo que genera el rugby profesional, pero lo denostan.
    ¿o los clubes no se han nutrido de jugadores, exposición y recursos gracias a los resultados de Los Pumas del 99 para acá? A veces ver el crecimiento en infraestructura en un país con permanentes problemas económicos asusta. ¿de dónde salió esa plata?
    Parece que muchos se olvidan de la década del 90 donde se armo en juveniles el grupo II porque escaseaban los recursos y empezaban a faltar jugadores.
    Felicitaciones

  2. Muchas gracias, pero no hay más que mirar alrededor. Las conclusiones son producto de la observación. Los que se avienen a decir que “el rugby de clubes se muere” o que “nos quitan los jugadores” o se preocupan por lo que pasa con su club y no ven el bosque de todos lo que se beneficia el rugby con el crecimiento de la exposición en todo sentido, son muy egoístas y muchas veces, no pueden justificar ni defender sin enojarse lo que hacen esos (sus) propios clubes. Y de ahí a ser nada solidarios con el rugby y con sus protagonistas hay un pequeñísimo paso.
    El rugby de los clubes, nuestro rugby doméstico, está blindado y cada vez va a crecer más.

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