Otros rugbiers

Por Eugenio Astesiano

La personas que tienen un prejuicio sobre el rugby y quienes lo juegan, lo han jugado, lo enseñan o difunden no se va a cambiar de un día para el otro. Ni de un año para el otro.

Pero creo que se puede intentar.

¿Cómo? Con pequeñas historias con nombre y apellido que recabé en su momento y que tuvieron escasa visibilidad. ¿Por qué? Porque a extremadamente pocas personas les interesa de verdad conocer historias de rugby.

Por ahí, en este momento, sí interesen porque ellos también son rugbiers.

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Son siete grandes historias distintas, de siete personas distintas, de diferentes regiones del país, muy distintas también. El Torneo Nacional Desarrollo M16 2018 las nucleó a todas y en buena medida, funcionó -y funciona- como catalizador. Acá, los chicos conversan, se cuentan sus realidades y, con el rugby como denominador común de cada uno de ellos, conmueven.

Damián Romero (16 años, Club Arcos, Perico, Provincia de Jujuy): «Ha sido una experiencia nueva, en la que aprendí mucho de mucha gente. Ha sido una oportunidad única, que no me hubiera gustado perderme por nada del mundo y agradecido estoy de haberla tenido. He conocido a un montón de chicos de mi provincia que no conocía, también a chicos de todo el país, donde nos hemos contado las cosas que vivimos, las cosas que nos pasan, además de jugar al rugby. Hemos compartido el micro con los chicos de Salta y bueno… han sido tres días geniales. Estoy recontento de haber tenido esta oportunidad».

«Yo estudio, voy al colegio Agrotécnico y a veces trabajo para ayudar a mi papá en casa. Yo tengo algunos gastos y si le pido plata a él para comprar cosas para jugar, como un protector bucal o calzas, él también tiene que ser parejo y comprarle cosas a mis hermanitos y eso no es posible porque no alcanza. Entonces le propuse ayudarlo como albañil para que yo pueda ganar mi propia plata y poder manejar mis gastos para no complicarlo».

«Para estudiar, entrenar y trabajar, yo me las arreglo. Lo que pasa es que me da tanto el rugby, he hecho tantos deportes, pero ninguno como el rugby, que la cantidad de solidaridad y amigos que nos han ayudado en casa con algunas cosas como cuando no anduvimos bien económicamente, no tiene comparación. Ellos, mis amigos del club, son como mis hermanos y nos ayudamos entre todos siempre. Por eso para mí el rugby es más que el deporte que practico. Es como una forma de encarar las cosas de la vida«.

Saúl Galván (15 años, Club Cha Roga, Santafesina): «Yo juego hace poco al rugby. Empecé a jugar porque me invitó un amigo y al principio yo pensaba que era un deporte donde te golpeaban mucho y era violento, pero nada que ver. Y mi amigo de repente no fue más pero yo me enganché y descubrí que el rugby es mi pasión. Como vivo muy lejos del club, me queda como en otra ciudad, al principio yo iba en bicicleta. Pero la bici se me rompió y no la puedo arreglar, así que me voy caminando. Son unas cuantas cuadras, como sesenta, y por donde yo vivo no pasan colectivos, así que directamente salgo antes y camino. A la vuelta, a veces los entrenadores me acercan hasta la entrada del barrio, pero si me tengo que volver a pata, me vuelvo a pata, nomás».

«Estoy en tercer año de la escuela. Lo que mas amo es el rugby. Mucho en mi casa no sabían lo que era el rugby, pero ahora de a poco, sí. Cuando les conté que venía acá con el seleccionado, valoraron mi esfuerzo. Mi viejo es yesero, y como trabaja en otra ciudad, no lo veo mucho, pero sabe que me está yendo bien en el colegio y en el rugby porque mi mamá le cuenta«.

Joaquín Manganaro (16 años. Club La Picasa, Cinco Saltos (RN), Alto Valle): «Fueron muchas ilusiones juntas que se dieron en un fin de semana. Uno se lo imagina, pero no es lo mismo. Cuando uno viene de un club chico, todo se valora el doble. Estar en un seleccionado de tu unión tiene para mí mucho mérito y todos los que vinimos acá hacemos un gran sacrificio para tener esta oportunidad al menos una vez al año».

«Voy a la escuela técnica, así que hago doble turno en el colegio a la mañana y a la tarde, y como también me gusta mucho entrenar, voy al gimnasio y voy al club y dos veces por semana me entreno también en el centro de rugby de la Unión. Al club voy y vuelvo muchas veces en bici, o directamente voy caminando».

Franco Adrián Bulacio (16 años. Club San Martín, San Miguel de Tucumán): «Yo voy a la escuela a la mañana. A la tarde voy a trabajar a un negocio, con mi madrina, para ayudar en casa».

«Trato de hacer todo a su tiempo. Cuando vuelvo del colegio, hago la tarea para no llegar tarde a trabajar. Y después trato de no llegar tarde al entrenamiento. Me voy haciendo lugar para poder cumplir con todo.

«Vivo cerquita del club y de la escuela, así que me las arreglo bastante bien para que no se me pase nada. Y si, es un poquito de esfuerzo extra que hago, pero no hay problema con eso. Ya estoy acostumbrado y no me genera ningún inconveniente».

Siempre ha sido uno de mis deseos el poder representar a mi provincia y a mi país en algún momento. Si bien no hace mucho que juego al rugby, me lo puse como una meta y haber venido a este torneo me llena de orgullo. Cuando me dijeron que venía lo primero que hice fue avisar en mi casa, hasta mis abuelos y mis primos se emocionaron cuando les conté».

Nicolás Mancuello (15 años. Chancay Rugby Club, San Luis): «Empecé a jugar a los doce años y desde que arranqué, me apasioné. Yo vivía en otro lado y cuando me mudé de casa, empecé a ir al club y desde ese momento, pude volcar todo lo que siento en la cancha».

«Todos los días de entrenamiento, antes de ir a colegio, le hago la comida a mis hermanos. Les cocino yo porque en casa mi mamá, que es cocinera, se va temprano a trabajar y entonces yo me quedo a cargo y por suerte nos arreglamos bien. Después de comer, nos vamos todos a la escuela. Yo los llevo a ellos y yo también voy.

«Los martes voy un poco más temprano al club a practicar con un amigo y ya me quedo hasta el entrenamiento. Esta es mi primera experiencia con un seleccionado. Me llamó la atención cómo juegan de bien los otros equipos. Está buenísimo porque así se aprende un montón y cuando vuelva al club voy a tratar de imitar algunas cosas que vimos».

Para mí el rugby es mi familia. En muchos momentos he recibido ayuda y no yo solo, sino varios de nosotros. El club y los compañeros me han ayudado en todo. A veces la situación económica no ha sido la mejor y siempre estuvieron ahí para ayudarme, pero además de eso, somos un grupo de amigos que se ayuda en todo, sea lo que sea».

Juliana, Manager de la M13 de Gimnasia y Esgrima de Pergamino, es una mamá que tiene dos hijos jugando en GEP. Uno en la M13 y otro en la M16. Como voluntaria en el club, trabajó a destajo los días que el Torneo se llevo a cabo y además, como es maestra de escuela, aportó una visión complementaria a la que los chicos contaron en sus historias: «Los testimonios de los chicos son en buena medida los testimonios de los chicos de nuestro club también. Creo que los clubes, el nuestro seguro, y supongo que en casi todos los clubes en desarrollo o al menos eso quiero creer, estamos muy pendientes de lo que nos cuentan los chicos, de sus situaciones diarias. En algunos casos, de las experiencias poco afortunadas que viven o han vivido y de la función, el rol de contención que el club primero y el rugby después, cumple en su vida. Historias complejas, hay muchas, y en todas las que podemos intentamos dar una mano para, al menos, escucharlos y desde ahí, ayudarlos en todo cuanto esté a nuestro alcance. Les hemos visto las caras a los chicos en estos días y con alguno que otro hemos conversado y sabemos que esta experiencia, para una buena cantidad de ellos, va a marcarlos para toda la vida».

«Muchos de los chicos es la primera vez que salen de su provincia. Otros, es la primera vez que -además- lo hacen solos, sin sus padres y ni que hablar, los que es la primera vez que conocen lo que es un hotel o la convivencia como delegación. Algunos, no habían comido nunca dulce de batata y queso, no sabían lo que era… Cosas que muchos damos por sentadas, por habituales, estos chicos no las registraban hasta ahora. Por eso, decía que esta experiencia los va a marcar para siempre y ojalá puedan repetirla y contar en sus clubes que el rugby es lo mejor que les pasó en la vida».

La última de las historias, en video:

 

 

 

Ramificaciones

La columna titulada “El rugby no tiene nada que ver en todo esto” escrita días atrás en este mismo sitio web, tuvo innumerables críticas tanto favorables como desfavorables y también, innumerables ramificaciones.

Una de las tantas fue la invitación por parte de la producción del noticiero “Nos Vemos“, que conduce el periodista Antonio Fernández Llorente en C5N, a Eugenio Astesiano, autor de la misma.

Primero hubo un informe de la periodista Carla Rebello sobre “Espartanos” y a posteriori, el debate sobre el rol del rugby como vehículo en la formación de quienes lo practican.

 

 

El rugby no tiene nada que ver en todo esto

Por Eugenio Astesiano

El rugby, no. El rugby no tiene nada que ver en todo esto. El rugby no le pertenece a los delincuentes. El rugby no es de los asesinos, ni de los patoteros. Sólo aquellos que no saben nada de rugby le echan la culpa al rugby y es lógico. Escriben y hablan de lo que pide la hora y llena espacios en los medios. Caerle al rugby es la más fácil. Por supuesto que el rugby alberga imbéciles. El rugby no es una burbuja impoluta, pero el rugby no tiene la culpa. Nunca la tuvo. Ni la va a tener.

Estos asesinos y los que hicieron y hacen desmanes e imbecilidades no le pertenecen a un deporte en particular. No son inherentes a él. Pertenecen a esta sociedad argentina que está podrida. Los que piden “educación” o “cursos” para los “rugbiers” no la piden para todos lo que se pelean en las canchas de fútbol, de básquet o a la salida de los colegios o en los sindicatos.

“Once rugbiers” dicen las crónicas. No dicen once adolescentes, once estudiantes, empleados u obreros. El “rugbiers” ayuda a ponerle un condimento extra. Es curioso también que una sociedad que pide a gritos no estigmatizar, en este caso en particular hace bandera de ello y los medios son los primeros en enarbolarla.

Que se le caiga encima al rugby y lo haga responsable -al deporte- de un crimen, es tan deliberadamente artero como profundamente ignorante. La desinformación y la falta de interés para indagar sobre todo lo inmensamente bueno que genera el rugby en todo el país y todo lo increíblemente solidario que es, no importa. El periodismo que le pega y denosta al rugby es el mismo que se hace el distraído con la delincuencia que rodea al fútbol (entre otros) y el entorno que lo protege. Por eso, el periodismo y la justicia -que para muchos ofician como sinónimos- están siempre sospechados de connivencia con los delincuentes que manejan los clubes de fútbol desde sus entrañas. De esos delincuentes no todos hablan, no todos escriben, no todos investigan. Es más, les hacen notas. De los delincuentes a los que les endilgan ser “rugbiers”, sí se ocupan todos.

Sin embargo, cuando se habla de “Espartanos” y del rugby que se practica en las cárceles por presos que nunca en su vida jugaron al rugby -y cuando son ellos mismos los que lo aseguran- que este deporte les cambió, devolvió o salvó la vida y que la tasa de reincidencia de los que han pasado por “Espartanos” es de menos del 5%, ahí se deberían acabar los estigmas, pero ni así. ¿Llamar a Coco Oderigo? ¿Para qué? ¿Para qué averiguar por el chico de Villa Ojo de Agua en Santiago del Estero que estudia, cuida y se ocupa de tres hermanos discapacitados mientras sus padres trabajan en el campo y hace todo eso además de ir a entrenarse? ¿Para qué averiguar lo que representa el rugby en San Jaime de la Frontera, en Entre Ríos o en Guanacos de Río Turbio?

Por otro lado… estos delincuentes que asesinaron a un joven a piñas no hacen otra cosa que copiar, imitar y encarnar lo que hacen los barras bravas, los patoteros de cancha, los sindicalistas y muchos otros delincuentes que tanto se enaltecen hasta en series de televisión y desde ahí, se masifica, eso no se condena. Eso no es de violentos. Violento es el que juega al rugby…

En este país, el delincuente que no tiene la etiqueta de “rugbier” es el prestigioso. Ese es el que tiene lo que quiere, el que zafa. Entonces, desde la punta de la pirámide para abajo, en los tres poderes del estado y de ahí, a la base de la sociedad, el delincuente de toda estopa que no juega al rugby pareciera ser el modelo a seguir. Pero si juega al rugby, entonces la culpa es del rugby.

En un país cloacal como este, los delincuentes son delincuentes, no importa la actividad que hagan. Si fuera por eso, no habría lugar para abogados.

Y los que afirman con soltura que la UAR no hace ni hizo nada para abordar este tema tan siniestro y bajo, no es cierto. Desinforman o mienten de forma cruenta. “Rugby Seguro” es un grupo de trabajo dentro de la UAR que sí se preocupa y ha preocupado por estos y por muchísimos otros temas que parecen ser tabú (drogadicción, alcoholismo, abuso de menores) y lo hace desde 2016. Lo que no ha tenido Rugby Seguro es todo el apoyo y difusión necesarios.

También hay esfuerzos individuales muy grandes, como el de Lalo Galán -a la sazón, miembros de Rugby Seguro- que ha editado un libro sobre los valores del rugby, que ha dado innumerables presentaciones, charlas y disertaciones por todo el país y que lucha a diario para que el espíritu noble de nuestro deporte se fortalezca y para que todos tomen conciencia de la responsabilidad que conlleva jugar y ser representante de un deporte que es observado con lupa cuando de hechos negativos se trata.

A los medios no se les va a caer ninguna pauta publicitaria por caerle encima al rugby, ni van a haber pintadas en las casas de los que escriben, ni amenazas de barras, ni habrá lobby atrás para que esos artículos o no se publiquen o se manden al fondo. Los que hablan y escriben pueden poner o decir cualquier barbaridad de un deporte del que desconocen y al que detestan porque no va a haber represalias. Por eso escriben, porque tienen la más absoluta libertad de hacerlo, la que con otros personajes o deportes, no.

De vuelta: El rugby no engendra delincuentes. El rugby no es de asesinos, ni de patoteros. Delincuentes, asesinos y patoteros hay en todos los estratos de la Argentina. El rugby no tira debajo de la alfombra sus problemas ni mira para otro lado. El rugby se hace cargo, se hace carne. Ojalá todos pudieran decir lo mismo.

“Hoy el scrum demanda adaptabilidad”

Por Eugenio Astesiano

Oscar “Cochi” Durán sabe mucho de scrum y le encanta. Tanto sabe y le gusta, que después de jugar la RWC 2015 en Inglaterra con Los Teros, fue designado por la URU como entrenador de scrum y de forwards del seleccionado. Así se unió a aquel flamante staff de Esteban Meneses al final del 2015. “Desde que era jugador ya sabía que quería ser entrenador. Lo que nunca me imaginé es que iba a ser entrenador profesional. Cuando tomé la decisión de dejar mi trabajo para volcarme cien por ciento al rugby, lo hice sin ninguna duda porque esta es mi pasión, es lo que a mí me gusta y la verdad que cada día que pasa soy un agradecido a mi familia, porque en un país como Uruguay, tomar una decisión así de dejar un trabajo estable para pasar a otro que está en una etapa naciente, no es fácil, como en casi ningún lado en este continente”.

Sus sensaciones sobre lo que hicieron Los Teros en Mundial son coincidentes con la visión general que del equipo hay en Uruguay y en el resto del mundo rugbístico. “El Mundial fue impagable. Revisando lo hecho, de todas formas, hoy tal vez lo que revisaría es la distribución de los tiempos de trabajo en lo que a mí atañe, a los específico en los delanteros. A lo que le dedicamos más tiempo, dio sus frutos. Pero estamos hablando de una revisión que tiene más que ver con mi exigencia y ganas de que todo saliera perfecto… De todas maneras, me quedo con el desempeño general y lo que jugó el equipo, que fue muy bueno“.

Llegó del Mundial y enseguida estaba en actividad nuevamente. “Recién aterrizado, al poquito tiempo, ya me puse con las selecciones juveniles y no paré. De todas formas, estoy muy feliz. Ahora, después de un par de semanitas de descanso, ya estoy repuesto, fresco mentalmente y con mucha energía“.

Se viene el debut de la Super Liga Americana de Rugby (SLAR) y va a estar involucrado con Peñarol Rugby como entrenador de scrum. “El desafío mayor es no sólo desde la parte rugbística, sino de la parte personal. Llegarle a jugadores con los cuales nunca tuviste contacto, estrechar vínculos personales, poder integrarlos e integrarse, hacer que el mensaje se les haga piel y que todo fluya entre personas que también van a trabajar juntas como profesionales por primera vez como plantel. Porque esto del profesionalismo es nuevo para nosotros y para casi todos los que van a ser parte. La dinámica de trabajo cambia mucho en relación al Mundial. Es muy distinta la preparación de un pack o de un plantel para cada competencia“.

Su experiencia mundialista dejó mucho lugar para el análisis de esta formación y del trabajo requerido en pos de un objetivo. “Por un lado, nosotros trabajamos un tipo de scrum para el Mundial, que era uno de obtención que con Uruguay, nos funcionó muy bien. Obtuvimos el 100% de nuestras pelotas. Si bien tuvimos problemas en los que arrojaban los rivales y fuimos penalizados en varias oportunidades, también debo decir que nos dimos el lujo de poder robarle un scrum en cinco metros a Australia en su ataque. El objetivo del Mundial se cumplió. Viéndolo desde otra parte, desde lo que fue la parte clasificatoria al Mundial, o la Nations Cup… ahí es donde para nosotros juega otro rol, el de poder generar cosas desde ahí, de provocar penales rivales, de usarlo como plataforma de ataque real. Entonces, son -o fueron- dos planos de trabajo y enfoques para diferentes planos estratégicos. No sólo a nivel de Uruguay sino a nivel rioplatense, el scrum es importante y cumple y ha cumplido un rol preponderante. Lo que nos toca a los entrenadores es saber adaptarnos y saber qué podemos y qué no podemos hacer en determinadas circunstancias. O qué nos van a dejar hacer o no los rivales“.

Sobre este punto, profundizó. “Si necesitamos scrum de dominio contra un rival contra el que podemos y tenemos y debemos dominar, adelante. Y si tiene que ser un scrum de obtención, pues vamos con eso. Tener la posibilidad de adaptarnos es muy importante. El scrum rioplatense está pasando por este proceso. Debe adaptarse. No tiene caso enfocarse de manera unidimensional. Creemos que lo más importante es saber qué necesita el equipo y qué podemos brindar en cuanto obtención. Que hayamos tenido el cien por cien de nuestras pelotas en la RWC 2019 fue realmente extraordinario, porque nos preparamos para eso. Nos concentramos en eso. Fue un objetivo logrado. ¿Que no fueron todos perfectos? ¿Que en algunos retrocedimos? ¿Que nos costó? Si, pero obtuvimos todos. Y robamos uno importantísimo“.

Y amplió al explicar que “Le dedicamos muchísimo tiempo de preparación, porque lo requiere. Hoy, el scrum llamémosle “adaptable” requiere muchísimo tiempo. Lo que pasa es que lo que precisás para un Mundial, posiblemente no lo necesites para otras competencias más largas, o lo tengas que espaciar más y por ahí en determinados partidos esa preparación sea distinta. Para Japón, íbamos a estar en desventaja de peso con todos los packs. Entonces, trabajamos para contrarrestar eso. Le dimos mucha importancia al tipo de toma, al hooking, a la introducción de la pelota, a los ángulos de las espaldas… insisto y perdón que lo reitere, necesitábamos obtención y la obtención rápida. No le dedicamos así entonces la misma cantidad de tiempo al scrum defensivo, al segundo empuje o a otro tipo de juego a partir del scrum. Cada estrategia lleva su tiempo y proceso de trabajo y no es lo mismo el de una selección para un Mundial que por ejemplo, el scrum de Peñarol Rugby para la Super Liga. Y por supuesto, siempre supeditado a lo que necesite el Head Coach, sea El Mono Meneses en Los Teros o Pablo Bouza en la franquicia. Por eso insisto en que una de las palabras claves es adaptabilidad“.

Aquí, uno de los puntos centrales de la charla con Cochi Durán. Medular, diríamos. Corto y conciso, el entrenador de Los Teros y Peñarol Rugby afirma que “El principal problema no es perder un scrum en una contienda limpia, que te empujan y te lo ganan, sino que se genere un penal en contra por haberlo perdido. Hoy es más fácil que te recuperen la pelota porque te provoquen un penal que porque por el empuje, te roben la pelota. Con las reglas vigentes, es casi imposible perder un scrum por empuje. Y si pasa, bueno… pasa una sola vez y se corrige en el próximo“.

Sobre el tema de los penales en esta formación y qué se cobra, mucho depende del árbitro. Cuenta una anécdota y coincide plenamente con Andrés Bordoy, entrenador de forwards de Jaguares. “Me acuerdo antes del Mundial 2015 que fuimos de gira con Uruguay a Japón y estuvimos trabajando con Alain Rolland (ex árbitro irlandés, hoy el Jefe de árbitros de World Rugby) y él nos hablaba de algo que hace poco vi que dijo Bordoy sobre “dar buenas fotos”. Recuerdo perfectamente que hizo mucho hincapié en eso. ¿Qué puede penalizar un árbitro si a vos te ve bien, sólido, caderas pegadas, espaldas derechas, codos arriba los pilares, sin empujar en ángulos… no ve nada malo. Entonces, esa foto del “antes” y del “durante” si son buenas, no te van a determinar un penal en contra. Coincido plenamente con Bordoy. Es la foto y es “dar la impresión de” también. Muchas veces uno quiere hacerlo y siente que la foto es buena, pero no lo es. Entonces, la foto sola a veces no alcanza y hay que además, dar la impresión de que el esfuerzo por ofrecer esa foto también lo estás haciendo. Sobre todo en equipos que por algunas razones podemos ser más penalizados“.

Para el final, sus expectativas con algo que es completamente nuevo en la región “¿La Super Liga? Lo vivo como algo histórico, único y con muchas expectativas. Si sale bien va a ser importantísimo de todo el rugby de Sudamérica. ¡Y no sólo para los jugadores! Para todos nosotros. Entrenadores, Mánagers, PFs, Fisios, Médicos, Árbitros, Analistas de Video… para todo el entorno del rugby. Incluso para los clubes, que en principio da la sensación de que pueden ser perjudicados, pero honestamente creo que es al revés, se van a beneficiar… Más difusión del rugby, más noticias, más notoriedad, más exposición. Y una gran responsabilidad de saber aprovecharla“.

Crédito Foto portada: Gentileza Unión de Rugby del Uruguay