Noviembre 2019 es más que la Zona de la Muerte

Por Eugenio Astesiano

Noviembre es mes de rugby. Seguirá siéndolo, seguramente, no importa qué sea lo que cambie en el calendario internacional en los tiempos por venir. Noviembre siempre estará emparentado al rugby. Este año hubo final de Mundial el 2 y ya arrancaron la Heineken y la Challenge en Europa.

Para Argentina, la gira de Los Pumas de noviembre siempre fue importante y, por donde fuere que le tocase jugar en Europa, marcaba el final de la temporada del rugby de élite. Este año, ese Tour se reemplazará por otras cosas no menos importantes. Diríamos, tanto o más.

Lo que va a pasar en apenas unos días en Argentina y Sudamérica es inédito, pero no ha llamado tanto la atención al menos hasta ahora porque ha habido silencio o información a cuentagotas, decisión que se ha mantenido firme y a rajatabla.

Finalmente, la lista de los convocados por el staff de Jaguares para arrancar el camino rumbo al 2020 de poco más de cuarenta jugadores, saldrá el jueves. Y sólo puede sorprender a la gente que se acerca ocasionalmente al rugby. Algún que otro nombre, tal vez, pero si se siguió la Currie Cup, no.

Como sea, que Jaguares empiece su pretemporada en apenas una semana habla de lo que significa que la rueda del rugby no pare. Jaguares cambia de casa y eso es bueno, pero algunas cosas no cambian y una de ellas es la incertidumbre reinante entre algunos de los jugadores.

El plantel va a tener algunos invitados tal como ha ocurrido en el inicio de la temporada 2019, pero lo que asombra es que todavía algunos jugadores no saben que va a pasar con ellos.

En estricto off the record, hay preocupación de ambas partes: por el lado UAR y por el lado de los jugadores. A estas alturas la UAR ya debería tener el toro por las astas, todo firmado, dicen, de los dos lados del mostrador. Y “todos los jugadores, antes de que empiecen los entrenamientos, deberían tener un vínculo de algún tipo con la unión” manifestó una altísima fuente consultada.

Se puede hablar de falta de previsión para con algunos jugadores, pero también de cautela.

Por supuesto, a algunos jugadores le han llegado ofertas. En algunos casos, suculentas y en otros, menos importantes en el número final pero interesantes para evaluar. Y por supuesto, las demoras corren en contra de la UAR que también corre en contra de la malograda economía argentina. Imposible pensar en mediano plazo, todo se va modificando con el correr de las semanas, cotizaciones mediante. Nadie lo tiene fácil. Todos hacen cuentas.

Uno de los protagonistas no sale de su asombro. Quiere quedarse para jugar en el país “un rugby profesional de alto nivel como no hay otro. También entrenar en ese nuevo lugar de entrenamiento que todos aseguran que está bárbaro, sí. Pero cosas básicas a estas alturas como tener un contrato en la mano para leerlo al menos… no. No nos gusta la incertidumbre. Y así es muy difícil no mirar lo que nos ofrecen desde el exterior“.

Y no sólo Europa. Las cinco franquicias de la Liga Sudamericana también van a necesitar jugadores argentinos. El equipo que estará basado en Córdoba y tendrá el apoyo de un inversionista de Rosario por supuesto tendrá jugadores con experiencia, pero en Paraguay, Chile, Uruguay y Brasil además de jugadores de dichas uniones, seguramente otros argentinos serán requeridos. Es verdad que muchos podrán ser contratados por los meses que demande la competición (lo que les abre las puertas a hacer temporada doble a aquellos que se destaquen y reciban ofertas de Europa) pero no todos tendrán la misma suerte.

Los jugadores de la franquicia para la Liga van a tener contrato central de la UAR y la lista saldrá, a más tardar, la semana venidera“, confirmó la misma fuente. Los cuarenta y poquito que vayan a Jaguares no van a estar en la otra franquicia, es de prever.

Sin lugar a dudas, en este sentido se plantean por delante nuevos escenarios por los que la UAR (y todo el rugby sudamericano) no han transitado antes.

Sobre la liga: los dos partidos de cada fecha de la Super Liga Sudamericana van a jugarse los días viernes. Arrancará el viernes 28 de febrero y serán de ida y vuelta, con lo que se estima su finalización allá por mediados de mayo con semifinales y final.

En su momento, la UAR manifestó que la unión iba a tener que contratar al menos 32 jugadores más para afrontar la temporada 2020. Hoy, con dos franquicias sudamericanas menos a las proyectadas originalmente (iban a ser siete, pero finalmente serán cinco) por ahí no lleguen a ser tantos porque originalmente la Liga, que iba a requerir entre 210/220 jugadores, ahora tendrá sesenta jugadores menos, aproximadamente.

Sudamérica está pasando por un momento convulsionado en muchos aspectos y el rugby no es ajeno a estas circunstancias. Pasos firmes y sobre seguro para todos, parece ser la mejor manera de encarar las cosas.

Por eso, que en este contexto la UAR vaya a tener cerca de setenta jugadores contratados, es casi un milagro. Por eso cuando en este espacio se aseguró que el Mundial era importante pero que de ninguna manera era trascendente para el futuro mediato del rugby argentino, estábamos en lo cierto.

El rugby argentino tiene por delante desafíos muchos más grandes que sortear que una zona de la muerte.

La Sociedad de los Poetas Vivos

Por Eugenio Astesiano

Esa salida al campo y ese final fueron cien por cien reales. Lo que se ha visto en los videos que se han viralizado por las redes sociales y que ha merecido comentarios de todo el mundo, es una ava parte de los porqués del presente de Jaguares. Una ava parte importante.

¿Ha pasado antes una comunión así? No con esa intensidad, no con ese sentimiento de unidad, no con ese nivel de cuasi hermandad. ¿Había pasado en los dichos? Si. ¿En los hechos? Bueno, hasta hoy no había estado a la vista. Res non verba.

Y que haya estado a la vista es otro de los puntos fuertes de Jaguares versión 2019, que tal vez entre tanta cosa haya pasado inadvertido. Hemos visto y presenciado como testigos privilegiados cosas y hechos que por mucho tiempo se han considerado “sagradas”, “secretas”.

No hay sentido para crear una coraza, una cerrazón casi masónica, inaccesible. Hoy hemos podido acceder a verlos como son en el momento del clímax y felicidad más grande en mucho tiempo después de años -sí, años- de frustraciones deportivas.

Los jugadores, cuando quieren cuidar su intimidad, cuando quieren que algo no se vea, no trascienda o no se sobreexponga, lo dicen y lo hacen cumplir no se imaginan cómo. Pero esta situación de alegría desbordante, de profundo apego a los dichos vertidos, de convicción, de humildad, alegría y felicidad, trascendió porque todos estuvieron de acuerdo en que así fuera.

La sociedad de los poetas vivos tuvo su carpe diem en Vélez. Queda uno más.

Foto Crédito portada: Juan Gasparini/ Gaspafotos

Ni única, ni irrepetible

Hoy, viernes 28 de junio a las 20h., Jaguares va a jugar su primera semifinal de Super Rugby. ¿Es una posibilidad histórica? Si. ¿Es única e irrepetible? Por supuesto que no. Hay muchos más Super Rugby por jugar.

Algunos puntos a tener en cuenta para el partido que tendrá en cancha, 30.000 espectadores.

Para Jaguares, en defensa:

  • Neutralizar a Leali’ifano. Dejarlo sin tiempo. Que sienta la presión, que tenga que decidir lo más atrás posible y no pueda lanzar cómodo. ASí, será más fácil también ocuparse de sus posibles patadas cruzadas a Speight.
  • El tackle a Kuridrani. Sin sus quiebres y sin sus offloads, Brumbies tiene que trabajar más fases, lo que implica mayor desgaste. Y negarle la posibilidad de pesca y de trabajo libre a McCaffrey en el breakdown
  • Impedir el progreso del maul tras el line. Complicar a Carter y Arnold en el salto, gran prueba para Petti y Ortega Desio.
  • Los primeras líneas y segundas líneas de Brumbies, son Wallabies. Sio, Fainga’a y Alaalatoa (Slipper desde afuera) más Carter y Arnold es materia prima de primer nivel. Conocen estas instancias, saben lidiar con ellas y van a buscar con el dominio de las situaciones de contacto, con la limpieza del ruck y con las formaciones fijas, para ser ellos los que impongan el ritmo del partido. Mucho se va a decidir acá.
  • Dura batalla en el centro de la cancha para de la Fuente y Orlando. Ambos son defensores avezados y ya lo han experimentado sus rivales, y en forma. El desafío será hoy, además, potenciarlo. Lo mismo con el duelo aparte entre Speight y Moroni.

Para Jaguares, en ataque:

  • Brumbies es paciente y muy fuerte en su primera línea de defensa. No es fácil vulnerar al equipo de Canberra. Pero hacerlos defender muchas fases puede ser útil en tanto y en cuanto sean fases rápidas. Jaguares tiene un alto porcentaje de tries apoyados luego de la cuarta fase.
  • Para ello, intentar agrupar o involucrar gente pesada en espacios chicos es fundamental, luego moverlos y comprometerlos a que eventualmente tengan que desplazarse mucho, por un lado. Por otro, que sus tres de atrás no sean suficientes y que para eso, tengan que tener un ojo atento a dejar más gente para cubrir posibles kicks a las espaldas de los wings… mucha lectura y trabajo para Cubelli y Díaz Bonilla para administrar la pelota.
  • La lluvia: invitada de honor en el día de hoy.
  • El scrum propio: rápido, afuera. Rápido en serio. No dejar que haya segundo empuje de Brumbies.
  • Tomar todas las chances de puntos posibles. Como suele suceder en estas instancias, puede ser un partido que se decida por poco margen.
  • No ceder a la presión negativa. La responsabilidad la tiene Brumbies, que es el equipo que conoce estas lides. Jaguares hizo todo bien para llegar a esta instancia. La receta debería ser la misma: mantener la calma y no desesperar. La paciencia dio réditos y la confianza también. Lo hecho, hecho está hasta acá y nadie les va a quitar el mérito.

 

El VII de Caballería

Por Eugenio Astesiano

Costó un Perú de Oro 24 kilates. Los jugadores tuvieron que bucear profundo para sacar esa moneda del galeón hundido y tuvieron que hacer mucha fuerza y desgaste para subirla a la superficie a mostrarle a todos que después de estar muy abajo, se puede subir.

En todo sentido y con todos los sentidos, Jaguares hizo del cuarto de final en Vélez un partido de tres actos. La Mise-en-scène fue finalmente perfecta. Separada por partes, mostró las muchas caras o variantes que puede tener.

Para el primer acto, que duró diez minutos desde al arranque del partido, Jaguares hizo casi todas las cosas bien, pero falló en un aspecto importante: anotó sólo una vez de las tres que pudo hacerlo. Y, en lugar de ponerse arriba con una ventaja importante, sólo quedó 5-0. En ese lapso, de cabezas y cuerpos frescos, de iniciativa tomada y pelota y territorio bajo control, Jaguares se quedó corto.

Inmediatamente, el segundo acto que fue extenso, intenso y dramático. Desde ese minuto diez del primer tiempo hasta el minuto diez del segundo, esos cuarenta minutos de juego le pertenecieron a Chiefs por obra y gracia de Brad Weber y Sam Cane. Entre los dos (uno en la conducción y el otro en la contención) revirtieron la tendencia. El partido se salió del eje argentino y pasó a jugarse de acuerdo a las reglas que impuso la visita. Jugar lejos del ingoal propio, administrar sus pelotas rápido y obligar así a Jaguares a atender asuntos relativos a no perderle el ojo a Lienert Brown y a los tres del fondo. Por ello, Jaguares tuvo que salir muy rápido en defensa y eventualmente, cometer penales. Eso los mantuvo por un lado, en su campo y por otro, abajo en el score. Ambas cosas sucedieron y se sucedieron en ese lapso. Weber manejó los hilos del partido, Debreczeni fue muy prolijo y el pack de Colin Cooper, sin ser una maquinaria letal, fue lo suficientemente efectivo para poner en aprietos a una defensa argentina defendió en retroceso y que tardó en reacomodarse. En ese lapso, Jaguares lució partido y desenfocado en ataque, fuera de sincronía.

Dos cuestiones… La primera, la frustración y ofuscación que le entra a Díaz Bonilla cuando algo le sale mal. Y cómo su accionar es totalmente diferente cuando juega más cómodo, suelto y tranquilo. Segunda cuestión: Sam Cane se ocupó de buscar sacar de quicio a Agustín Creevy y lo logró. El ex capitán y caudillo quedó enmarañado en la pelea con el capitán de Chiefs y eso complicó su juego.

Sin embargo, todos los partidos tienen momentos cruciales o significativos que a veces, se descubren al final. La salida de Debreczeni y el ingreso de Marty McKenzie en su lugar y el ingreso de Montoya y Pieretto le dieron aire al que iba abajo en el resultado y complicó al que iba ganando.

Así, se llegó al tercer y último acto. Acá, en este fragmento final del partido, cuando restaban treinta minutos, fue cuando el VII de Caballería asomó detrás de la colina y entonces, el héroe de la tarde noche (uno de los tantos junto con Matera, Petti, Kremer y de la Fuente, pero sin dudas, el más destacado en ese lapso) tomó el protagonismo y todas las luces del escenario apuntaron a él. Matías Moroni apareció en toda su dimensión con dos tackles positivos y luego, un try cerca de los palos. A partir de allí, el partido cambió y ya nada fue lo mismo.

Con esas acciones, el “Moroooooooni, Moroooooni” que bajó desde cada lugar del estadio lo puso en un lugar de privilegio que él mismo construyó. Claro que aún nadie sabía cómo iba a ser el final…

También, el manejo de Díaz Bonilla y Cubelli de los tiempos, la acelerada energizante y revitalizadora del pack cuando avanzó y de la defensa poderosa, intensa, fulminante, de tackles demoledores, cuando tocó. Esa fue la que hizo retroceder a Chiefs hasta hacer que sus esfuerzos fueran inútiles. No iban a pasar, simplemente porque no había por dónde hacerlo.

Y para el final… el héroe. La pesca de Moroni de esa pelota dentro de los 22m de Chiefs (no había necesidad de sufrir así, el pick & go de Jaguares a 15 segundos del final debió ser la última acción, no penal en contra) desató el festejo, cerró el partido y abrió los brazos al cielo del entrenador argentino.

Es bien sabido que el libro de la historia la escriben los que ganan. A esta le queda un capítulo más, seguro, el viernes que viene y tal vez, uno más. Los jugadores le están poniendo la tinta y el papel. Gonzalo Quesada, Andrés Bordoy, Manasa Fernández Miranda y todo el staff de Jaguares, la tapa.

Humildad y trabajo

Por Eugenio Astesiano

A La Gioconda, la pintura renacentista de Leonardo Da Vinci, nunca se le ha terminado de definir si ese gesto en la boca que la hizo y hace aún hoy única e irrepetible es una sonrisa discreta, una señal de preocupación, o si es la gestualidad propia antes de una mueca de alivio.

Los gestos de Gonzalo Quesada tienen sesgos parecidos. Por eso, la sonrisa a pleno del viernes pasado hay que registrarla fotográficamente, porque no abunda. No porque no la tenga, sino porque más bien, es una persona de gestos adustos, casi de Gioconda, que vive y piensa más en el próximo movimiento, la próxima jugada, en cómo cerrar un partido y en cómo planificar el próximo que en vivir el presente y darse el permiso de distenderse y disfrutar después de una campaña inédita e histórica en la corta vida de Jaguares en el Super Rugby.

Pero, oh sorpresa, Gonzalo rompió el protocolo. Su protocolo. Se permitió a sí mismo en la Conferencia de prensa post Sunwolves ese momento de disfrute y de distensión que, después de siete victorias en los últimos ocho partidos y de ellas, cinco seguidas, le dieron el derecho bien ganado de ser el segundo mejor equipo clasificado a playoffs, sólo con Crusaders por arriba.

Jaguares anduvo de menor a mayor y es como debe ser. Los equipos, en los torneos de largo aliento, es importante cómo terminan y no tanto cómo empiezan. A Chiefs, quien será su rival de playoffs, le pasó algo similar. Y como le pasó a Quesada allá por la semana 6, Colin Cooper -Head Coach de la franquicia de Waikato- también estuvo muy cuestionado tras perder con Sunwolves en Hamilton. Si, con Sunwolves. La paciencia de ambos y la confianza en y de los suyos los llevó a ambos a cuartos del final.

Y más allá del resultado del partido del próximo viernes, la temporada de Jaguares va a ser para apreciarla en su justa dimensión un poco más adelante. Los debutantes no fueron sólo los jugadores que por primera vez se calzaron esta camiseta. Los entrenadores también fueron debutantes absolutos en el rugby profesional del hemisferio sur. Tal vez haya pasado desapercibido o no haya sido tan evidente por el perfil bajo que ostentan, pero el aporte diario de Andrés Bordoy y de Juan de la Cruz Fernández Miranda fue clave, vital y también, infravalorado y poco destacado por la prensa especializada. Pero ellos dos, con sus pecheras de water boys, vivieron cada partido al lado del terreno de juego y junto con los ojos de Gonzalo Quesada desde arriba, fueron los que comandaron y lideraron al equipo desde afuera.

Desde adentro, el equipo tuvo doble, triple y hasta cuádruple liderazgo. Y hay que decir -por si quedan dudas- que comando y liderazgo no son la misma cosa. Son complementarios. Los jugadores escucharon la voz de su capitán Jerónimo de la Fuente, pero también vieron su liderazgo hecho a base de constancia, compromiso, trabajo y humildad. Y junto a él, la de Juan Manuel Leguizamón, Agustín Creevy, Pablo Matera, Matías Orlando, Guido Petti, Julián Montoya y Tomás Cubelli. Ellos fueron líderes naturales, que asumieron roles marcados en el plantel. Voces con liderazgo, ascendente y ejemplos para el resto, por y en diferentes circunstancias.

Cada entrenamiento o al menos cada entrenamiento abierto para los medios, dejó sensaciones de grupo comprometido y convencido, unido, solidario, con las cosas claras y listo para hacer lo que mandaba cada momento. Eso fue una constante, tanto como que en la cancha se vio que el equipo hizo lo que entrenó. No hubo desbandes, salidas de libreto o libre albedrío en momentos de zozobra. Lo que no salió, se volvió a entrenar y a reforzar hasta que salió.

Los números son claros. Están en las estadísticas y quien quiera profundizar, las tiene a mano en la web de Sanzaar.

El del viernes es otra historia. No es un partido sencillo ni muchísimo menos. Es, fuera de la regularidad y potencia de Crusaders y de la clase y calidad de Hurricanes, el rival más complejo para enfrentar por el juego que es capaz de desplegar aún sin dominar. Tiene jugadores capaces de generar quiebres y a un conductor -Brad Weber- que si no es el mejor medioscrum de la temporada, le anda muy cerca.

El punto flaco, el talón de aquiles, está en el 10. Marty McKenzie primero y Jack Debreczeni después no lograron estar a la altura de Weber. Sí lo estuvo un jugador que es escasamente nombrado, pero es vital, fundamental en la estructura del equipo y lo será también en los All Blacks: Anton Lienert Brown. El pack tiene potencia, peso, altura, juego y muchos All Blacks. Sam Cane y Brodie Retallick como los obvios, pero están Nathan Harris y Atu Moli, está el canadiense Tyler Ardron -que esta temporada la rompió- y Lachlan Boshier, que hizo lo propio.

De todas formas, cualquier sea el resultado para Jaguares y para Chiefs, el que pierda podrá salir con la cabeza en alto, porque lo que han conseguido hacer esta temporada ya es para tomar nota, atesorar y ayudará en el futuro a otros, como ejemplo: Con humildad y trabajo, también se puede.

 

 

Rock and roll, baby

Por Eugenio Astesiano

Gonzalo Quesada consiguió para Jaguares lo que todos antes soñaron conseguir, pero por diferentes circunstancias, no pudieron. Lo señaló él mismo en la Conferencia de Prensa post partido.

La cara del Head Coach de Jaguares mezcla satisfacción, alegría, cansancio, jet lag y planificación. Y rebosa confianza porque sabe que cada paso que se ha dado ha sido mérito de su staff, de los jugadores y también propio. Todos los pasos han sido firmes. Hizo algo que los entrenadores de hoy día no hacen, que es mantener su palabra. Dijo que iba a rotar en los últimos ocho partidos y que la rotación se iba a mantener sin importar el resultado. Tal es la confianza que rebosan todos que, en un equipo que de los últimos siete partidos ganó seis, lo normal sería “equipo que gana no se toca” y no sólo tocó, sino que además fue puesto en tela de juicio por eso.

Conviene aclarar y traer a la memoria que hubo dedos alzados, quejas apresuradas y obviamente apareció el murmullo nada descuidado, que ponía en duda su capacidad. Acá, en Argentina y también afuera, Jaguares ya estaba condenado. Hasta Midi Olympique señalaba ofertas del Racing 92. La temporada del Super Rugby, allá por la semana 7, cuando el equipo llevaba dos victorias y cuatro derrotas, parecía estar perdida.

Ni Quesada, ni Bordoy ni Manasa Fernández Miranda se dejaron amilanar por las críticas. El equipo siguió entrenando en paz, en calama, sin fisuras y convencido del norte a seguir. Y también para destacar es que es semana a semana, el equipo empezó a arreglar esas molestas falencias puntuales del inicio. Los penales evitables, los errores no forzados, el scrum, el porcentaje de tackles completados, la confianza para cerrar cada encuentro… de a poco, todos los instrumentos empezaron a sonar más afinados, en tempo y con todos los músicos -los nuevos y los que ya estaban- leyendo la partitura (simple, sencilla, sin pomposidad barroca) e interpretándola con claridad.

Desde entonces y aún con la derrota ante Highlanders en Dunedin, el equipo juega a su manera y al que le toca, le toca y no importa ni siquiera dónde le toca hacerlo. La música suena. No es siempre la misma. A veces es Heavy Metal (como ayer ante Sharks). Otras veces es Blues (como ante Bulls en Pretoria), otras veces es Punk (ante Hurricanes en Wellington) o Grunge (en Australia). Y en todas sus versiones suena muy bien.

Dijimos Heavy Metal y ayer Jaguares fue Metallica. El equipo fue claro y concreto. Poderoso, lírico y a la vez, ajustado a lo que pedían de afuera. Un pack abrasivo, tackleador como pocos y dominador en el contacto como nunca antes ante un similar de Sharks que necesitaba ganar con bonus para asegurarse los playoffs. Impresionante lo de los ocho delanteros argentinos que dieron una cátedra de dominio y concentración. Lo de Leguizamón, para poner en un cuadrito.

Cubelli, nuevamente en un nivel excelso, dominador de los acontecimientos y Díaz Bonilla, jugando tan enfrente de la marca que le hizo un nudo a Robert Du Preez, padre e hijo.

Y la tarde de Boffelli. La tarde que necesitaba el fullback para cambiar el gesto adusto que lo acompañó hasta ayer y que transformó en mueca de alegría sin llegar a ser sonrisa. Pero enhorabuena para el talentoso back que coronó una faena sensacional y no sólo por los tries, por las asistencias y por el cambio de posición cuando salió de la Fuente, que pasó a ocupar el lugar de Orlando como 13 y el tucumano, el de 12 y capitán.

No hubo faceta de juego ayer (sólo los envíos a los palos, donde las fallas fueron evidentes) en la que Jaguares haya mostrado errores.

Queda Sunwolves el viernes. Quedan los playoffs como locales (también un viernes, casi seguro). Queda bastante aún y queda poco al mismo tiempo.

Que la banda siga tocando entonces. Y que siga sonando así.

Primer paso dado y ahora, de a uno por vez

Por Eugenio Astesiano

Jaguares clasificó a playoffs dos fechas antes del final de la temporada regular. Punto. Eso debería ser motivo de enorme alegría, y lo es. Además, ya cosechó -faltan jugar ante Sharks y Sunwolves- más puntos que en las ediciones anteriores en la competición y por supuesto, más puntos que el año pasado, que fue cuando más había tenido.

Jaguares -Gonzalo Quesada y su Staff- creyeron en sus jugadores y dispusieron una cantidad poco acostumbrada de modificaciones partido tras partido en esta gira. Y no… no era novedad, porque dijo que lo haría en la última conferencia de prensa en Vélez antes de partir a Oceanía, un mes atrás. Lo que pasa es muchas veces, en lugar de escuchar al entrenador, los que preguntan tienen oído selectivo y así divulgan después…

¿Playoffs concretados? Correcto. ¿Gran gira? Si. ¿Funcionó la estrategia? Por supuesto. ¿Se cerró con un buen partido ante Reds? La respuesta es no.

Así y todo, con dudas y fallas en la conducción, con un equipo que entró en la propuesta enmarañada de Reds y que se complicó solo en la salida de campo rival, que devolvió la pelota con patadas poco certeras, que cayó en la trampa táctica de los de Queensland para complicarle el traslado y manejo a Ezcurra y Díaz Bonilla (se lo vio frustrado consigo mismo cada vez que el destino de la pelota no era el buscado) y, con esa espada de Damocles más la mucha presión del rival, con ese desorden importante, con esa falta de claridad, así y todo, se ganó con bonus. Lo que no tuvo en el juego, Jaguares lo tuvo en la calma y madurez para imponerse en un partido que no las traía todas consigo.

Atención: mucho se lo deben a Santiago Carreras que hizo dos jugadas individuales que fueron las llaves de apertura y cierre del partido. Dos tomas de decisiones y ejecuciones impecables para un jugador que el año pasado, a estas alturas del año, lucía la 15 con Los Pumitas en el Mundial de la categoría, en Francia.

Si algo había claro era que Reds no iba a ser un paseo por la rambla de Brisbane. Iba a ser un hueso duro de roer en el Suncorp porque sus últimos partidos, si bien los perdió, todos fueron por un margen bastante corto en un equipo que es joven, un tanto inexperto, que tiene por ende mucho futuro y que usa sus recursos limitados y los usa bien o de la mejor manera que puede. Siempre complica. Así, genera partidos muy ásperos. Ante Jaguares, Kerevi, Higginbotham, Tupou, Hegarty, Scott- Young y MacDermott, se las arreglaron con creces para complicar a más no poder a Jaguares que tuvo que recurrir a los pesos pesados de manera temprana en el segundo tiempo. Esa fue otra de las grandes decisiones y aciertos tácticos de Quesada.

Cuando ingresaron -temprano- Kremer, Matera, de la Fuente, Vivas, Montoya y Pieretto el equipo tuvo un renacer a pura potencia y esa marcha adicional fue vital para sentar posiciones. Nuevamente, un gran partido de Creevy desde el juego y el liderazgo y de Julián Montoya después. Parecen ser el complemento perfecto uno del otro y está claro que ambos entienden a la perfección sus roles.

Hay mucho en la columna del haber y casi nada en la del debe para Jaguares tras esta gira, que era bastante más complicada que la del año pasado. Ahora Sharks no es el partido a matar o morir. Es un partido más y Quesada tiene que analizar qué conviene: ponerle todo a los de Du Preez y rotar ante Sunwolves, o al revés.

Cuestión de esperar nomás. El primer paso ya se dio. Ahora es de a uno por vez.

Foto crédito: Jaguares/ Stephen Tremain

Ni casualidad, ni milagro, ni nada

Por Eugenio Astesiano

Viernes 11pm. Se hizo de noche de un día que empezó de noche como el partido y que de golpe, por obra y gracia de la paciencia, el orden y la convicción, se transformó en día. En uno brillante e inolvidable. En uno que marcará un hito y elevará la vara. Pero también en uno que no debe confundir ni a propios ni a extraños.

No fue casualidad ni milagro ni nada. Fue lo que fue. La victoria de Jaguares se dio en el contexto en el que el cómo y el cuándo se mezclaron en un blend perfecto.

La victoria de Jaguares se cimentó en la convicción llana y profunda de un equipo que sabe que no es menos que ninguno y que no es más que nadie. De un equipo riguroso en el contacto que cuando toma la iniciativa, consigue un quiebre y se mete en la defensa, es peligroso y, por eso, se anima a tomar riesgos que lo llevan a caminar por un filo que puede salir bien o mal, pero se anima.

No hay que dudar en decirlo: Jaguares le ganó a Hurricanes con autoridad. Jaguares le ganó a Hurricanes con aplomo, con sentido de la oportunidad, con presencia física y sin titubeos. Puso el lomo cuando había que ponerlo y supo usarlo cuando hubo que usarlo. El mismo lomo que levanta bolsas en el puerto es el que después se empilcha y sale a conquistar a la más linda. El mismo.

Pero atención, que nada es gratis. Hoy salió bien pero no siempre va a ser así. Hubo errores subsanados desde Dunedin, pero hubo otros.  ¿Si hubo errores? Si, varios. Lo que pasa es que pasaron de largo cuando la euforia de afuera se hizo carne, pero se logran ver cuando vuelven la calma y la mesura.

¿Penales? Muchos. Demasiados. Trece penales es casi el doble de los que hizo Hurricanes. ¿Tackles errados? Más del veinte por ciento. ¿Posesión? Cuarenta y tres por ciento. ¿Defensores vencidos? Dieciocho contra treinta y siete del local. ¿Quiebres? siete contra dieciséis.

Pero acá está uno de los factores claves: Jaguares hizo mucho -muchísimo- con lo justo y necesario. Fue eficiente como pocas veces. Ese es uno de los secretos de este equipo hoy. Con un liderazgo notorio de Gonzalo Quesada en la impronta, y de Jero de la Fuente adentro con la ayuda de los líderes, la calma y la intensidad justas bien balanceadas, entre todos han sabido interpretar la partitura, y suena bien.

En la lucha de los delanteros, hubo paridad. Se dieron de lo lindo y la defensa fue dura de ambos lados. Más de Jaguares, porque se tuvo que defender con fervor y a toda labor. La tarea de Creevy, Leguizamón, Lavanini, Petti, Matera y Ortega Desio fue de hierro en la contención de Aumua, Fifita, Savea, Kirifi y Toomaga Allen. Pero la gran diferencia, estuvo en los backs y es ahí donde la figura de Tomás Cubelli, Tito Díaz Bonilla, Jerónimo de la Fuente, Matías Moroni y Sebastián Cancelliere cobró relevancia y se hizo notar. En ataque ya se saben sus bondades, pero fue en defensa donde se hizo muy fuerte la presencia de todos.

Sin dudas, los backs de Jaguares supieron neutralizar las muchas amenazas de sus rivales. Laumape, Goosen, Jordie Barrett, Proctor, Lam… todos elite mundial de este deporte, fueron contenidos, con orden y sensatez en las formas. Eso hizo que TJ Perenara, sin su interlocutor habitual que es Beauden Barrett, tuviera menos repertorio, menos libertades y más exigencias.

En definitiva, hay que mirar, admirar y seguir. Sin dudas, la victoria de este equipo tiene que tener la alegría y felicidad merecidas, pero pide también, prudencia. Lo hemos dicho ya antes y lo repetimos: la mayor conquista del equipo será volver de la gira sin lesiones graves. Esta victoria no debe despertar encendidos sueños de playoffs, ni de campeones de nada. Hay que tomarla, aunque cueste, como algo que es natural que pueda pasar.

¿Es un triunfo importante? Muy. ¿Es un gran impulso anímico? Si.

Pero esto sigue, y falta. Falta bastante todavía, que recién estamos en mayo.

Diez minutos en la cornisa

Tuvo razón Quesada con su queja airada y al aire. El espíritu del rugby y la pasión por el juego valen. También vale no callarse la boca ante una injusticia. Ben O’Keefe tuvo muchos fallos que fueron sumamente tendenciosos, hay que decirlo y nadie mejor que el Head Coach para explicarlo como lo hizo. De más está decir, coincidimos.

Sin embargo, Jaguares puedo evitar que eso fallos incidieran. Fue muy permeable en defensa en el final del primer tiempo y varias fallas individuales en los tackles y errores de reposición defensiva permitieron tres tries, que no debieron haber sido ni pasado en esos diez minutos fatales. Y sobre eso también hay que hacer hincapié, porque Jaguares cometió un solo penal en esa primera etapa. Excelente en esa faceta, fue un equipo permeable, lento y muy fuera de sincronía en la segunda parte de esa etapa inicial. Y eso y no el arbitraje de O’Keefe fue lo que le costó el partido.

Tras el encuentro pasado mencionamos lo confortable que está Jaguares cuando tiene que ir de atrás y hay que hacer un esfuerzo extra o doble. Para Jaguares, esa es una condición de seguridad y así fue una vez más. Primero, el equipo de Quesada se plantó en cancha con una buena gestión y orden defensivo. Sus pelotas propias fueron bien gestionadas en el arranque de cada fase pero después, o bien la falta de paciencia o la ansiedad por ejecutar otro plan con los cajones o las patadas al medio de la cancha para devolverle la pelota a Highlanders, no parecieron la mejor opción. Tal vez si, en algún momento del inicio, sirvieron para probar zonas débiles del local con Tevita Li como target, porque no es un gran receptor, pero después, se hizo evidente que eso se convertiría en un paseo por una delgada y peligrosa cornisa.

Y caminar por la cornisa no siempre es buena idea contra equipos kiwis y menos, contra equipos que se desenvuelven con sobriedad en la lucha dura en el frente, como Highlanders.

Tackles errados significan tries en contra y esos tackles errados, en esos tries fáciles de Highlanders en diez minutos (desde el minuto 30 al 39) llegó la ráfaga de diecisiete puntos en contra. Una barbaridad de diferencia a favor del local por lo que había sido el desarrollo del partido hasta ahí.

Repetimos: un solo penal en contra en 40m para un equipo que suele cometer muchos, era una marca sensacional. Por eso, resulta al menos sorpresiva la permeabilidad en defensa, en ese lapsus de doce o trece minutos en los que el local, sin demasiado esfuerzo, se metió dentro de la defensa argentina con muchas facilidades y tomó la delantera .

Uno de los grandes generadores de esos desacoples y desajustes defensivos, fue la velocidad de Aaron Smith para pasar la pelota, para estar un segundo adelantado a todo y para lanzar bien plano a sus receptores -por un lado- y una buena primera etapa de Ioane, el apertura que hizo bien las cosas, que fue sobrio en la conducción y que hizo que la figura de Lima Sopoaga quedara muy lejos allá en el tiempo. En contrapartida, Highlanders hizo extremadamente lentas muchas pelotas de Jaguares y complicó el trabajo de Ezcurra y Díaz Bonilla, que se entienden de memoria y que aún bajo esa condición de presión extrema de sus rivales, se las arreglaron bien para no perder el comando del equipo.

La otra cara de Jaguares fue ese segundo tiempo. Muy vertical (más vertical, en realidad), más potente, más determinado a meterse dentro de la defensa rival, con un juego directo, sacó más réditos y fue ese equipo que en ataque es peligroso, con dos baluartes como Kremer y Moyano, que cada uno a lo suyo, son jugadores con enorme influencia en el equipo.

Llegamos así, con un try de cada uno de ellos, bien generados ambos, a los últimos veinte minutos que hizo referencia Quesada y que vimos todos. ¿Cómo puede ser que un equipo que había cometido sólo un penal en los 40 iniciales, en la segunda etapa haya hecho diez y siete de ellos, en esos últimos veinte? Rarísimo.

No tiene caso profundizar en eso, porque ya pasó. Lo que se puede cambiar y deberá hacerse es esa permeabilidad que fue evidente en la primera línea defensiva. Fallar nuevamente ahí contra Hurricanes puede ser aún más perjudicial.

No hay mención a los nueve cambios desde el arranque, al debut de Lucas Paulos y a que hubo en el pack inicial tres jugadores de Los Pumitas del 2017. Lo hacemos ahora. Hemos naturalizado esta situación y eso es una buena, gran noticia.

Lamentablemente, Jaguares se vio obligado a correr de atrás en un partido en el que no debió hacerlo y lo hizo por fallas propias. Y ayer también, tuvo que remar otras situaciones. A resolver entonces, las que se pueden resolver.

Cómodos en la incomodidad

El problema con las victorias es que así como ayudan a encarar la semana siguiente con otro ímpetu, también suelen cubrir algunas deficiencias que por ahí pasan un tanto desapercibidas. Jaguares dejó en ese punto bonus del final -que debió venir y no lo hizo- un punto muy importante y seguramente ahí se resuma buena parte del partido que, en definitiva, fue victoria sobre Stormers.

Por Eugenio Astesiano

Para los ojos atentos de Quesada, Bordoy y Fernández Miranda, ese punto bonus que no se obtuvo no sólo dejó a Jaguares sin la punta de la Conferencia Sudafricana, sino que además puso de manifiesto todas las penurias que trajo aparejadas la falta de una obtención clara -en primer lugar- y de calidad -en segundo término-. Si a eso se le suman los penales cometidos y a los errores no forzados, resulta que una cosa es la victoria en sí y la otra, el cómo.

Jaguares no debió sufrir como lo hizo. No debió depender de ese line robado por Petti a 5 metros del ingoal argentino en el minuto 82 para festejar. Jaguares debió haber sentenciado el partido con el try penal y la amarilla a JJ Egelbrecht en el minuto 71, cuando se pusieron 31-18. Ahí, debieron empezar a manejar el partido con otra “sensibilidad”, con más “cabeza” que con toma de riesgos.

Hoy, por momentos, pareció el partido ideal para que Miotti aprovechara las salidas desparejas en la marca de Stormers cuando el juego iba, sobre todo, de izquierda a derecha, pero el tucumano eligió pasarla a tomar riesgos. En algunos movimientos, pareció que ese “hueco” era el lugar a explotar. No se lo puede culpar, porque su pie fue fundamental para mantener a raya las aspiraciones sudafricanas. Sí, se le puede empezar a exigir que se suelte un poco más, que corra ese riesgo con pelota en dos manos y que se convierta en amenaza para las defensas rivales.

Sin embargo y más allá de esa situación sumamente puntual que elegimos poner de manifiesto para mostrar que Jaguares hoy estuvo más conservador cuando, de ser el dominador paso a ser el dominado tras ese auspicioso inicio del partido. Jaguares parece sentirse cómodo en la incomodidad de los partidos. Cuando la espada de Damocles baila sobre el cuello de la franquicia argentina, aparece ese ángel aparte que hace que el equipo salga airoso de situaciones complejas, como en la que se puso hoy en esos últimos tres minutos.

A excepción del try penal que otorgó Stormers -clarísimo- los dos primeros tries de Jaguares fueron muy bien armados, con Boffelli como participante estelar y asistidor. Matera primero y cuando no, Moyano, fueron los autores de las conquistas argentinas.  Después, lo que se vio distó de ser un derroche de prodigio de parte de los dos equipos. Ninguno hizo méritos suficientes para ser el claro mandamás. Hubo vaivenes y errores en ambos. Y entre los 30 jugadores, el más despierto, más metido, más inteligente, fue Tomás Cubelli, una vez más. El medioscrum argentino hizo su tarea con enorme prestancia, con una lectura buenísima de las situaciones, qué hacer y cuándo hacerlo, por dónde ir y con quién.

No le sobró nada a Jaguares cuando pudo haberse ido más tranquilo y relajado a Oceanía. El try de Senatla (cuando Stormers estaba con 14 y cuando además, el mundo entero intuía que esa pelota desde el scrum iba a ir por el ciego) metió una cuña de incertidumbre. ¿Por qué? porque los penales cometidos, la zurda de du Plessis primero y la diestra de Willemse después mantuvieron siempre a Stormers en partido. Ojalá eso y lo que le pasó a Crusaders ante Sharks deben ser lecciones aprendidas.

El Tour por Oceanía va a requerir de jugadores frescos -al menos- ante Highlanders y de jugadores enteros en todo sentido (físico y mental) para el resto de los compromisos ante Hurricanes, Waratahs y Reds, que son de una intensidad y peligros latentes muy fuertes. Por supuesto, es un tour que se inicia con una sonrisa tras los cuatro partidos seguidos con victorias. Lo que hay que evitar es que esa sonrisa cambie, porque perder no es el problem como tampoco lo es ganar. El verdadero problema es el “cómo” de ambas cosas.