La Sociedad de los Poetas Vivos

Por Eugenio Astesiano

Esa salida al campo y ese final fueron cien por cien reales. Lo que se ha visto en los videos que se han viralizado por las redes sociales y que ha merecido comentarios de todo el mundo, es una ava parte de los porqués del presente de Jaguares. Una ava parte importante.

¿Ha pasado antes una comunión así? No con esa intensidad, no con ese sentimiento de unidad, no con ese nivel de cuasi hermandad. ¿Había pasado en los dichos? Si. ¿En los hechos? Bueno, hasta hoy no había estado a la vista. Res non verba.

Y que haya estado a la vista es otro de los puntos fuertes de Jaguares versión 2019, que tal vez entre tanta cosa haya pasado inadvertido. Hemos visto y presenciado como testigos privilegiados cosas y hechos que por mucho tiempo se han considerado “sagradas”, “secretas”.

No hay sentido para crear una coraza, una cerrazón casi masónica, inaccesible. Hoy hemos podido acceder a verlos como son en el momento del clímax y felicidad más grande en mucho tiempo después de años -sí, años- de frustraciones deportivas.

Los jugadores, cuando quieren cuidar su intimidad, cuando quieren que algo no se vea, no trascienda o no se sobreexponga, lo dicen y lo hacen cumplir no se imaginan cómo. Pero esta situación de alegría desbordante, de profundo apego a los dichos vertidos, de convicción, de humildad, alegría y felicidad, trascendió porque todos estuvieron de acuerdo en que así fuera.

La sociedad de los poetas vivos tuvo su carpe diem en Vélez. Queda uno más.

Foto Crédito portada: Juan Gasparini/ Gaspafotos

Ni única, ni irrepetible

Hoy, viernes 28 de junio a las 20h., Jaguares va a jugar su primera semifinal de Super Rugby. ¿Es una posibilidad histórica? Si. ¿Es única e irrepetible? Por supuesto que no. Hay muchos más Super Rugby por jugar.

Algunos puntos a tener en cuenta para el partido que tendrá en cancha, 30.000 espectadores.

Para Jaguares, en defensa:

  • Neutralizar a Leali’ifano. Dejarlo sin tiempo. Que sienta la presión, que tenga que decidir lo más atrás posible y no pueda lanzar cómodo. ASí, será más fácil también ocuparse de sus posibles patadas cruzadas a Speight.
  • El tackle a Kuridrani. Sin sus quiebres y sin sus offloads, Brumbies tiene que trabajar más fases, lo que implica mayor desgaste. Y negarle la posibilidad de pesca y de trabajo libre a McCaffrey en el breakdown
  • Impedir el progreso del maul tras el line. Complicar a Carter y Arnold en el salto, gran prueba para Petti y Ortega Desio.
  • Los primeras líneas y segundas líneas de Brumbies, son Wallabies. Sio, Fainga’a y Alaalatoa (Slipper desde afuera) más Carter y Arnold es materia prima de primer nivel. Conocen estas instancias, saben lidiar con ellas y van a buscar con el dominio de las situaciones de contacto, con la limpieza del ruck y con las formaciones fijas, para ser ellos los que impongan el ritmo del partido. Mucho se va a decidir acá.
  • Dura batalla en el centro de la cancha para de la Fuente y Orlando. Ambos son defensores avezados y ya lo han experimentado sus rivales, y en forma. El desafío será hoy, además, potenciarlo. Lo mismo con el duelo aparte entre Speight y Moroni.

Para Jaguares, en ataque:

  • Brumbies es paciente y muy fuerte en su primera línea de defensa. No es fácil vulnerar al equipo de Canberra. Pero hacerlos defender muchas fases puede ser útil en tanto y en cuanto sean fases rápidas. Jaguares tiene un alto porcentaje de tries apoyados luego de la cuarta fase.
  • Para ello, intentar agrupar o involucrar gente pesada en espacios chicos es fundamental, luego moverlos y comprometerlos a que eventualmente tengan que desplazarse mucho, por un lado. Por otro, que sus tres de atrás no sean suficientes y que para eso, tengan que tener un ojo atento a dejar más gente para cubrir posibles kicks a las espaldas de los wings… mucha lectura y trabajo para Cubelli y Díaz Bonilla para administrar la pelota.
  • La lluvia: invitada de honor en el día de hoy.
  • El scrum propio: rápido, afuera. Rápido en serio. No dejar que haya segundo empuje de Brumbies.
  • Tomar todas las chances de puntos posibles. Como suele suceder en estas instancias, puede ser un partido que se decida por poco margen.
  • No ceder a la presión negativa. La responsabilidad la tiene Brumbies, que es el equipo que conoce estas lides. Jaguares hizo todo bien para llegar a esta instancia. La receta debería ser la misma: mantener la calma y no desesperar. La paciencia dio réditos y la confianza también. Lo hecho, hecho está hasta acá y nadie les va a quitar el mérito.

 

El VII de Caballería

Por Eugenio Astesiano

Costó un Perú de Oro 24 kilates. Los jugadores tuvieron que bucear profundo para sacar esa moneda del galeón hundido y tuvieron que hacer mucha fuerza y desgaste para subirla a la superficie a mostrarle a todos que después de estar muy abajo, se puede subir.

En todo sentido y con todos los sentidos, Jaguares hizo del cuarto de final en Vélez un partido de tres actos. La Mise-en-scène fue finalmente perfecta. Separada por partes, mostró las muchas caras o variantes que puede tener.

Para el primer acto, que duró diez minutos desde al arranque del partido, Jaguares hizo casi todas las cosas bien, pero falló en un aspecto importante: anotó sólo una vez de las tres que pudo hacerlo. Y, en lugar de ponerse arriba con una ventaja importante, sólo quedó 5-0. En ese lapso, de cabezas y cuerpos frescos, de iniciativa tomada y pelota y territorio bajo control, Jaguares se quedó corto.

Inmediatamente, el segundo acto que fue extenso, intenso y dramático. Desde ese minuto diez del primer tiempo hasta el minuto diez del segundo, esos cuarenta minutos de juego le pertenecieron a Chiefs por obra y gracia de Brad Weber y Sam Cane. Entre los dos (uno en la conducción y el otro en la contención) revirtieron la tendencia. El partido se salió del eje argentino y pasó a jugarse de acuerdo a las reglas que impuso la visita. Jugar lejos del ingoal propio, administrar sus pelotas rápido y obligar así a Jaguares a atender asuntos relativos a no perderle el ojo a Lienert Brown y a los tres del fondo. Por ello, Jaguares tuvo que salir muy rápido en defensa y eventualmente, cometer penales. Eso los mantuvo por un lado, en su campo y por otro, abajo en el score. Ambas cosas sucedieron y se sucedieron en ese lapso. Weber manejó los hilos del partido, Debreczeni fue muy prolijo y el pack de Colin Cooper, sin ser una maquinaria letal, fue lo suficientemente efectivo para poner en aprietos a una defensa argentina defendió en retroceso y que tardó en reacomodarse. En ese lapso, Jaguares lució partido y desenfocado en ataque, fuera de sincronía.

Dos cuestiones… La primera, la frustración y ofuscación que le entra a Díaz Bonilla cuando algo le sale mal. Y cómo su accionar es totalmente diferente cuando juega más cómodo, suelto y tranquilo. Segunda cuestión: Sam Cane se ocupó de buscar sacar de quicio a Agustín Creevy y lo logró. El ex capitán y caudillo quedó enmarañado en la pelea con el capitán de Chiefs y eso complicó su juego.

Sin embargo, todos los partidos tienen momentos cruciales o significativos que a veces, se descubren al final. La salida de Debreczeni y el ingreso de Marty McKenzie en su lugar y el ingreso de Montoya y Pieretto le dieron aire al que iba abajo en el resultado y complicó al que iba ganando.

Así, se llegó al tercer y último acto. Acá, en este fragmento final del partido, cuando restaban treinta minutos, fue cuando el VII de Caballería asomó detrás de la colina y entonces, el héroe de la tarde noche (uno de los tantos junto con Matera, Petti, Kremer y de la Fuente, pero sin dudas, el más destacado en ese lapso) tomó el protagonismo y todas las luces del escenario apuntaron a él. Matías Moroni apareció en toda su dimensión con dos tackles positivos y luego, un try cerca de los palos. A partir de allí, el partido cambió y ya nada fue lo mismo.

Con esas acciones, el “Moroooooooni, Moroooooni” que bajó desde cada lugar del estadio lo puso en un lugar de privilegio que él mismo construyó. Claro que aún nadie sabía cómo iba a ser el final…

También, el manejo de Díaz Bonilla y Cubelli de los tiempos, la acelerada energizante y revitalizadora del pack cuando avanzó y de la defensa poderosa, intensa, fulminante, de tackles demoledores, cuando tocó. Esa fue la que hizo retroceder a Chiefs hasta hacer que sus esfuerzos fueran inútiles. No iban a pasar, simplemente porque no había por dónde hacerlo.

Y para el final… el héroe. La pesca de Moroni de esa pelota dentro de los 22m de Chiefs (no había necesidad de sufrir así, el pick & go de Jaguares a 15 segundos del final debió ser la última acción, no penal en contra) desató el festejo, cerró el partido y abrió los brazos al cielo del entrenador argentino.

Es bien sabido que el libro de la historia la escriben los que ganan. A esta le queda un capítulo más, seguro, el viernes que viene y tal vez, uno más. Los jugadores le están poniendo la tinta y el papel. Gonzalo Quesada, Andrés Bordoy, Manasa Fernández Miranda y todo el staff de Jaguares, la tapa.

Humildad y trabajo

Por Eugenio Astesiano

A La Gioconda, la pintura renacentista de Leonardo Da Vinci, nunca se le ha terminado de definir si ese gesto en la boca que la hizo y hace aún hoy única e irrepetible es una sonrisa discreta, una señal de preocupación, o si es la gestualidad propia antes de una mueca de alivio.

Los gestos de Gonzalo Quesada tienen sesgos parecidos. Por eso, la sonrisa a pleno del viernes pasado hay que registrarla fotográficamente, porque no abunda. No porque no la tenga, sino porque más bien, es una persona de gestos adustos, casi de Gioconda, que vive y piensa más en el próximo movimiento, la próxima jugada, en cómo cerrar un partido y en cómo planificar el próximo que en vivir el presente y darse el permiso de distenderse y disfrutar después de una campaña inédita e histórica en la corta vida de Jaguares en el Super Rugby.

Pero, oh sorpresa, Gonzalo rompió el protocolo. Su protocolo. Se permitió a sí mismo en la Conferencia de prensa post Sunwolves ese momento de disfrute y de distensión que, después de siete victorias en los últimos ocho partidos y de ellas, cinco seguidas, le dieron el derecho bien ganado de ser el segundo mejor equipo clasificado a playoffs, sólo con Crusaders por arriba.

Jaguares anduvo de menor a mayor y es como debe ser. Los equipos, en los torneos de largo aliento, es importante cómo terminan y no tanto cómo empiezan. A Chiefs, quien será su rival de playoffs, le pasó algo similar. Y como le pasó a Quesada allá por la semana 6, Colin Cooper -Head Coach de la franquicia de Waikato- también estuvo muy cuestionado tras perder con Sunwolves en Hamilton. Si, con Sunwolves. La paciencia de ambos y la confianza en y de los suyos los llevó a ambos a cuartos del final.

Y más allá del resultado del partido del próximo viernes, la temporada de Jaguares va a ser para apreciarla en su justa dimensión un poco más adelante. Los debutantes no fueron sólo los jugadores que por primera vez se calzaron esta camiseta. Los entrenadores también fueron debutantes absolutos en el rugby profesional del hemisferio sur. Tal vez haya pasado desapercibido o no haya sido tan evidente por el perfil bajo que ostentan, pero el aporte diario de Andrés Bordoy y de Juan de la Cruz Fernández Miranda fue clave, vital y también, infravalorado y poco destacado por la prensa especializada. Pero ellos dos, con sus pecheras de water boys, vivieron cada partido al lado del terreno de juego y junto con los ojos de Gonzalo Quesada desde arriba, fueron los que comandaron y lideraron al equipo desde afuera.

Desde adentro, el equipo tuvo doble, triple y hasta cuádruple liderazgo. Y hay que decir -por si quedan dudas- que comando y liderazgo no son la misma cosa. Son complementarios. Los jugadores escucharon la voz de su capitán Jerónimo de la Fuente, pero también vieron su liderazgo hecho a base de constancia, compromiso, trabajo y humildad. Y junto a él, la de Juan Manuel Leguizamón, Agustín Creevy, Pablo Matera, Matías Orlando, Guido Petti, Julián Montoya y Tomás Cubelli. Ellos fueron líderes naturales, que asumieron roles marcados en el plantel. Voces con liderazgo, ascendente y ejemplos para el resto, por y en diferentes circunstancias.

Cada entrenamiento o al menos cada entrenamiento abierto para los medios, dejó sensaciones de grupo comprometido y convencido, unido, solidario, con las cosas claras y listo para hacer lo que mandaba cada momento. Eso fue una constante, tanto como que en la cancha se vio que el equipo hizo lo que entrenó. No hubo desbandes, salidas de libreto o libre albedrío en momentos de zozobra. Lo que no salió, se volvió a entrenar y a reforzar hasta que salió.

Los números son claros. Están en las estadísticas y quien quiera profundizar, las tiene a mano en la web de Sanzaar.

El del viernes es otra historia. No es un partido sencillo ni muchísimo menos. Es, fuera de la regularidad y potencia de Crusaders y de la clase y calidad de Hurricanes, el rival más complejo para enfrentar por el juego que es capaz de desplegar aún sin dominar. Tiene jugadores capaces de generar quiebres y a un conductor -Brad Weber- que si no es el mejor medioscrum de la temporada, le anda muy cerca.

El punto flaco, el talón de aquiles, está en el 10. Marty McKenzie primero y Jack Debreczeni después no lograron estar a la altura de Weber. Sí lo estuvo un jugador que es escasamente nombrado, pero es vital, fundamental en la estructura del equipo y lo será también en los All Blacks: Anton Lienert Brown. El pack tiene potencia, peso, altura, juego y muchos All Blacks. Sam Cane y Brodie Retallick como los obvios, pero están Nathan Harris y Atu Moli, está el canadiense Tyler Ardron -que esta temporada la rompió- y Lachlan Boshier, que hizo lo propio.

De todas formas, cualquier sea el resultado para Jaguares y para Chiefs, el que pierda podrá salir con la cabeza en alto, porque lo que han conseguido hacer esta temporada ya es para tomar nota, atesorar y ayudará en el futuro a otros, como ejemplo: Con humildad y trabajo, también se puede.

 

 

Diez minutos en la cornisa

Tuvo razón Quesada con su queja airada y al aire. El espíritu del rugby y la pasión por el juego valen. También vale no callarse la boca ante una injusticia. Ben O’Keefe tuvo muchos fallos que fueron sumamente tendenciosos, hay que decirlo y nadie mejor que el Head Coach para explicarlo como lo hizo. De más está decir, coincidimos.

Sin embargo, Jaguares puedo evitar que eso fallos incidieran. Fue muy permeable en defensa en el final del primer tiempo y varias fallas individuales en los tackles y errores de reposición defensiva permitieron tres tries, que no debieron haber sido ni pasado en esos diez minutos fatales. Y sobre eso también hay que hacer hincapié, porque Jaguares cometió un solo penal en esa primera etapa. Excelente en esa faceta, fue un equipo permeable, lento y muy fuera de sincronía en la segunda parte de esa etapa inicial. Y eso y no el arbitraje de O’Keefe fue lo que le costó el partido.

Tras el encuentro pasado mencionamos lo confortable que está Jaguares cuando tiene que ir de atrás y hay que hacer un esfuerzo extra o doble. Para Jaguares, esa es una condición de seguridad y así fue una vez más. Primero, el equipo de Quesada se plantó en cancha con una buena gestión y orden defensivo. Sus pelotas propias fueron bien gestionadas en el arranque de cada fase pero después, o bien la falta de paciencia o la ansiedad por ejecutar otro plan con los cajones o las patadas al medio de la cancha para devolverle la pelota a Highlanders, no parecieron la mejor opción. Tal vez si, en algún momento del inicio, sirvieron para probar zonas débiles del local con Tevita Li como target, porque no es un gran receptor, pero después, se hizo evidente que eso se convertiría en un paseo por una delgada y peligrosa cornisa.

Y caminar por la cornisa no siempre es buena idea contra equipos kiwis y menos, contra equipos que se desenvuelven con sobriedad en la lucha dura en el frente, como Highlanders.

Tackles errados significan tries en contra y esos tackles errados, en esos tries fáciles de Highlanders en diez minutos (desde el minuto 30 al 39) llegó la ráfaga de diecisiete puntos en contra. Una barbaridad de diferencia a favor del local por lo que había sido el desarrollo del partido hasta ahí.

Repetimos: un solo penal en contra en 40m para un equipo que suele cometer muchos, era una marca sensacional. Por eso, resulta al menos sorpresiva la permeabilidad en defensa, en ese lapsus de doce o trece minutos en los que el local, sin demasiado esfuerzo, se metió dentro de la defensa argentina con muchas facilidades y tomó la delantera .

Uno de los grandes generadores de esos desacoples y desajustes defensivos, fue la velocidad de Aaron Smith para pasar la pelota, para estar un segundo adelantado a todo y para lanzar bien plano a sus receptores -por un lado- y una buena primera etapa de Ioane, el apertura que hizo bien las cosas, que fue sobrio en la conducción y que hizo que la figura de Lima Sopoaga quedara muy lejos allá en el tiempo. En contrapartida, Highlanders hizo extremadamente lentas muchas pelotas de Jaguares y complicó el trabajo de Ezcurra y Díaz Bonilla, que se entienden de memoria y que aún bajo esa condición de presión extrema de sus rivales, se las arreglaron bien para no perder el comando del equipo.

La otra cara de Jaguares fue ese segundo tiempo. Muy vertical (más vertical, en realidad), más potente, más determinado a meterse dentro de la defensa rival, con un juego directo, sacó más réditos y fue ese equipo que en ataque es peligroso, con dos baluartes como Kremer y Moyano, que cada uno a lo suyo, son jugadores con enorme influencia en el equipo.

Llegamos así, con un try de cada uno de ellos, bien generados ambos, a los últimos veinte minutos que hizo referencia Quesada y que vimos todos. ¿Cómo puede ser que un equipo que había cometido sólo un penal en los 40 iniciales, en la segunda etapa haya hecho diez y siete de ellos, en esos últimos veinte? Rarísimo.

No tiene caso profundizar en eso, porque ya pasó. Lo que se puede cambiar y deberá hacerse es esa permeabilidad que fue evidente en la primera línea defensiva. Fallar nuevamente ahí contra Hurricanes puede ser aún más perjudicial.

No hay mención a los nueve cambios desde el arranque, al debut de Lucas Paulos y a que hubo en el pack inicial tres jugadores de Los Pumitas del 2017. Lo hacemos ahora. Hemos naturalizado esta situación y eso es una buena, gran noticia.

Lamentablemente, Jaguares se vio obligado a correr de atrás en un partido en el que no debió hacerlo y lo hizo por fallas propias. Y ayer también, tuvo que remar otras situaciones. A resolver entonces, las que se pueden resolver.

Gardel, Lepera y todos los guitarristas

Es curioso cómo el argentino, el seguidor del rugby, acomoda su discurso de acuerdo a si Jaguares gana o pierde. Es enorme su alabanza si juegan como jugaron ante Sharks, como alta fue la pira para quemarlos a todos después de Stormers. Esa horda que se pseudofanatiza con el Super Rugby, con el exitismo como bandera, debe haber festejado hasta el cansancio y ya pide título. No hay menos.

Cuando pierden, a Jaguares y Gonzalo Quesada los pasan por el tamiz. Unos son Los Pumas a los que les gana cualquiera y el Head Coach no sabe de rugby porque viene de Europa y esto es otra cosa. Cuando ganan, Jaguares sí son Los Pumas y ahora van por el Rugby Championship y no los para nadie y Quesada es Gardel, Lepera y todos los guitarristas.

La mesura, en Argentina, es una rara avis.

Jaguares tuvo, ante los Sharks del bocazas Robert Du Preez Sr., una actuación superlativa, de las mejores sino la mejor de todos los partidos jugados en el Super Rugby hasta ahora. Con algunos altibajos y desconcentraciones promediando la primera parte, pero todo el resto fue sólido, concreto, demoledor. Fue un statement defensivo y una lección de oportunidad ofensiva.

En ataque, el equipo fue primero, oportuno y después letal. La defensa, que durante otros partidos había mostrado imágenes sinusoidales, ante Sharks otorgó una imagen pura, prístina y clara. Lo que anteriormente apareció por lapsos, en Durban fue homogéneo, consistente, durante los ochenta minutos.

A Sharks, ya se sabe, hay que confrontarlo. Si se los deja hacer, pueden causar mucho daño porque entre todos sus grandotes y su hábil fullback son capaces, después de percutir hasta romper, anotar. Con los delanteros y con los backs, los de Natal saben cómo imponerse a fuerza de ir e ir.

Jaguares, para desactivar esa táctica, debía tener la pelota y atacarlos. Hacer que su defensa se junte y después, rápido afuera a buscar por los costados. Eso, con la bocha. Sin ella, era irle muy fuerte arriba, meterle presión al Du Preez que juega como apertura y que no haya pases a Esterhuizen ni a Am, para que no le llegara firme a Mapimpi y menos que menos, a Bosch.

Y otra cosa que Jaguares debía modificar sí o si, era meterse en el berenjenal de los primeros veinte minutos de desconcierto, descontrol y penales evitables que había tenido, consistentemente hasta acá, casi siempre.

No sólo no los tuvo, sino que le estableció un parámetro a Sharks: te voy a atacar y lo voy a hacer haciéndote correr y te voy a acatar también con la defensa. El try de Cubelli primero y el de Matera después fueron bien distintos, pero producto de esos parámetros. En el try de Cubo, hay que observar la carrera magistral como apoyo por detrás de la defensa de Sharks. Ya era la figura de la cancha en ese momento y siguió en esa tesitura. La patriada de Matera fue a lo Matera. Siempre es a lo Matera.

Hubo, en medio de esos dos tries, ya lo dijimos, una filtración de Curwin Bosch que terminó en try para los locales (luego, con el partido resuelto, haría lo mismo para el segundo try de Sharks en la segunda parte). Ese aviso fue el iniciador de unos minutos (veintidós, exactamente) de inestabilidad en Jaguares. Dudas, fallas de manejo y vértigo innecesario generaron inconvenientes. Pero después del tercer try, el primero de Orlando, se despejó la niebla, se pusieron las cosas en su lugar y a partir de allí, todo fue para el equipo de Quesada.

Si el primer tiempo tuvo algunos desajustes, el segundo fue muy compacto, preciso, muy bien jugado, con enormes actuaciones. Kremer, Matera y Lezana fueron imposibles de controlar. Petti lideró. Creevy, cuando ingresó, hizo lo suyo con su maestría habitual. Miotti no se complicó, de la Fuente y Orlando fueron ese bloque central que todos esperamos que sea siempre y Moroni con su amor propio incansable y Boffelli con su talento reaparecido le dieron justeza a la ofensiva, impermeabilidad a la defensa y justicia al resultado.

Magistralmente manejado por Cubelli, el equipo se lució como nunca antes porque lo hizo con una idea cabal y concisa de lo que tenía que hacer, cuando lo tenía que hacer y como lo tenía que hacer. Fue respetuoso de lo programado y ahí se basó la clave: no hubo penales absurdos, no hubo desatenciones ni nada que se le parezca. Jugó imponiendo su ritmo, sin complicarse.

Jaguares ganó con autoridad. Con esa autoridad que dan los equipos convencidos de su plan de juego en la cancha.

Fue un paso importante, pero es sólo un paso más. Y lo que no hay que perder, como en un desfile es, justamente, el paso.

El día menos pensado

Fue un sábado increíble de cosas que no suelen ocurrir en el rugby internacional de elite.

Primero, en Dunedin, debían jugar Highlanders ante Crusaders. La matanza de las Mezquitas, que dejó 51 muertos en Christchurch (ciudad de la cual Crusaders es originaria) además de una ola de repudio a lo largo de todo el mundo, generó también que primara la cordura. Dicho partido, ambas franquicias decidieron suspenderlo. Que se hayan repartido los puntos es anecdótico.

Reds ganó a Sunwolves en la última jugada del partido, 34 a 31.

Roma.

Y no hablamos de la película mexicana, sino de la capital italiana.

Roma fue el escenario de una de las actuaciones más insólitas, más imperfectas, menos certeras de un seleccionado en este Seis Naciones. Lo que hizo el equipo italiano ante Francia casi que no se puede explicar. El paroxismo del error no forzado. Todo lo bueno generado por el conjunto de Conor O’Shea (equipo desprolijo, atolondrado, descontrolado) fue dilapidado una y otra vez, de manera sistemática, dentro de los veintidós metros de Francia o en el ingoal mismo. No dejaron errores por cometer. Exasperante.

Francia, cuatro ataques en todo el partido, tres tries. Una actuación cercana al espanto, sobrepasados en todas sus líneas, cometiendo una cantidad industrial de penales, una aberración táctica y estratégica de Brunel… sin embargo, Dupont, N’Tamack y Penaud salvaron las papas una vez más. Por ahora. Lo de Francia es más que preocupante.

A continuación, en Johannesburgo, Lions perdía 33-8 al final del primer tiempo ante Rebels. El equipo de Wessels no sólo era amplio dominador, sino que comprendió con un razonamiento claro, con una táctica adecuada, que lo mejor para hacer ante Lions es atacarlo, ser vertical, preciso y certero. Y meterle mucha presión a Elton Jantjies, claro.

Todo eso, pasó. Sin embargo, en un momento de la segunda mitad, Quade Cooper, Will Genia y cía creyeron que la faena estaba cumplida y en lugar de seguir aplicando la receta exitosa, le entregaron la pelota a Lions y tiempo y espacio a Jantjies. Lo que pasó a continuación fue que el local empezó a atacar a su rival, generó una catarata de tries hasta empatarlo en 33. Si ya era una proeza, con un penal en tiempo cumplido, Gianni Lombard le dio la victoria a Lions. Las lágrimas de Swys de Bruin, su Head Coach, en el festejo íntimo en su cabina, quedaron plenamente justificadas.

Un minuto tardó Gales en llegar al ingoal irlandés. Combinación kiwi, classy from Anscombe (un kick sobre la defensa de los backs irish) terminó con Hadleigh Parkes apoyando la pelota.

Desde ahí, Alun Wyn Jones y la tercera línea galesa fueron los encargados de ponerle techo a las aspiraciones irlandesas. Imposible de romper, la defensa de los de Gatland fue todo lo sólida, compacta y homogénea que tenía que ser para que ni Murray ni Sexton (completamente dominados y fuera de partido ambos) pudiera generar nada o nada bueno.

El botín y la puntería de Anscombe se encargaron del resto. Título, Grand Slam y récord para el Dragón, Warren Gatland y Alun Wyn Jones, un capitán extraordinario. Un jugador incomparable. Un título merecido.

Y para el final… ¿cómo explicarlo?

Inglaterra ganaba 31-0, dominaba placenteramente el desarrollo del partido en Twickenham. Elliot Daly incontenible. Jonny May, imparable. Tom Curry, inaccesible. Launchbury, Vunipola, Tuilagi, Farrell, Slade… nivel supremo. Cómodo e impertérrito, despacito construyendo su Calcutta Cup, el equipo de Eddie Jones se encaminaba a una goleada histórica.

Pero en escasos viente minutos, el resultado estaba 31-31 y si no era por Finn Russel y su pie fuera de foco, Escocia hubiera estado al frente por más margen aún.

¿Qué paso? Atacaron a Inglaterra de manera sostenida. Aprovecharon los errores defensivos de la blonda Albion (cantidad de tackles errados) y uno tras otro, fueron llegando los tries de Escocia, conforme las mandíbulas de los ingleses, de Eddie Jones y de John Mitchell llegaban al piso. Incrédulos, sin reacción.

En el minuto 77, Sam Johnson llegó al try, bajo los postes ingleses. 31-38 y una remontada sin igual, un comeback como no los hubo casi nunca en los últimos lustros, estaba por sustanciarse e iba a ser el segundo del día.

Sin embargo, una sucesión de penales escoceses terminaron, en el minuto 82, con George Ford, en el día de su cumpleaños, anotando el try primero y la conversión a posteriori para empatar un partido sublime.

De Gatland, Schmidt, Jones, Townsend, Brunel y O’Shea, ya hablaremos en la radio.

Hoy, que sea Alun Wyn Jones -el que pidió a su equipo “Think” en un momento del partido que lo requería- el que se lleve todo en el día menos pensado.

Corresponde.

 

 

La performance deja un profundo disgusto generalizado

Seguramente ese sea el sentimiento que Gonzalo Quesada, su staff y jugadores tengan tras la pobre actuación de Jaguares en Ciudad del Cabo, en una derrota que podía ocurrir, pero no de la manera en que ocurrió. Eso, claramente, no era lo que estaba en los planes.

Por Eugenio Astesiano

¿Cuál puede ser una explicación a lo que pasó?

Uno de los aspectos centrales del partido pasó por el contacto y la agresividad. En eso, la distancia en el marcador se ajusta a derecho. El pack de Jaguares fue superado y por momentos, de manera amplia, por su contraparte y ni que hablar, los backs. Si algunos de los delanteros opusieron una férrea resistencia e intentaron torcerle el rumbo al partido -que había comenzado muy bien para los argentinos- esos fueron Montoya, Vivas, Medrano y Petti. El resto no pudo, no supo o no encontró la forma de frenar a sus rivales.

Entre los backs, Tomás Cubelli fue el único que se hizo carne de lo que pasaba cuando las cosas estaban bien y cuando estaban mal. El resto, fue superado ampliamente.

Volvamos a esos primeros diez minutos esperanzadores, en los que Jaguares estuvo con férreo control de las acciones, sin cometer penales y con dinámica. Eso, más el try de Delguy, consolidó lo que eran expectativas para llevarlas a la realidad.

Y hasta ahí, podemos sumar algunos minutos más en el inicio del segundo tiempo… todo lo demás se jugó donde, cómo y de la forma que quiso Stormers, con Siya Kolisi como estandarte y PS du Toit, Etzebeth y Shickerling como laderos.

En la previa anticipábamos que el pack que dominara al otro en el piso y en el contacto, se llevaba el partido. Así fue. En la primera parte de la pulseada, fue el de Jaguares el que comandó pero, en todo el resto, el local fue superior, más de lo que se deseaba y estaba previsto.

En las formaciones fijas, lo que iba a pasar, pasó una vez más: un line out parejo para ambos y un scrum fuerte para Stormers y muy irregular para Jaguares que, es obvio y redundante mencionarlo, cuando lo jugó como se debe para esta competencia y con el personal adecuado que tiene -rápido por canal 1- funcionó. Cuando se pretendió hacer otra cosa, simplemente no.

Pasado el primer cimbronazo para los locales, en sus primeros embates en veintidós metros de Jaguares y con su primer try en el haber, desde ahí, todo les fue relativamente sencillo. Sin estridencias, sin lujos, sin altisonancia pero de manera muy frontal y agresiva, todas las pelotas que tocaron primero Du Plessis y luego Willemse fueron propiciatorias de generación de peligro. La tarea fue simple: que los dos defensores más endebles de Jaguares (que luego con la salida de Delguy fueron tres) estuvieran muy preocupados en tacklear mucho y sentirse en apuros siempre. Así, Díaz Bonilla, Ezcurra y Cancelliere se las vieron negras para hacer pie en una faceta del juego en la que se sabía de antemano, les cuesta bastante.

Por más que Moroni y Cubelli se desdoblaron, por más que Tuculet estuvo siempre atento pero revolando los ojos porque las amenazas llegaban por todos lados, ese hándicap defensivo ocupó la cabeza de unos y otros. De los que atacaban y de los que defendían.

En contrapartida a Du Plessis y Willemse, que manejaron con relativa calma y justeza las pelotas de baja y media calidad que les proporcionó Jantjies (un 9 flojo para Stormers), al revés, Díaz Bonilla jamás pudo aprovechar las pelotas de calidad media o alta que le dio Cubelli. Al ceder metros e iniciativa ante la presión de una tercera línea implacable y de un tándem 10-12-13 muy poderoso en defensa, el apertura de Jaguares lució dominado, controlado, incómodo, acuciado y fastidioso, sin saber cómo salir del atolladero impuesto por el rival, aún a pesar de contar con -insistimos- pelotas de calidad (tampoco tantas) que los delanteros y el 9 argentinos le pudieron dar. Y atención, que así y todo, con su apertura en un nivel muy discreto, jugando muy atrás, prácticamente parado, con sus backs planos, Jaguares pudo vulnerar la defensa de Stormers en varias ocasiones. Y algo más: la seguridad que da Delguy en ataque, Cancelliere no la puede ofrecer. Su salida prematura repercutió, inevitablemente, en el andamiaje del equipo.

Aún con este panorama, la diferencia del primer tiempo (8 puntos) invitaba a creer, porque había con qué. Esa diferencia, establecida merced a la gran puntería de SP Marais, era escasa y alentadora. Había en el ambiente, para Jaguares, sensación de partido sin dominio, pero bajo control.

Y hubo diez minutos del segundo tiempo -los primeros- en los que pareció que los engranajes que mueven a un equipo se ponían finalmente, en funcionamiento. Ahí se recuperaron la iniciativa y el ímpetu. Sin demasiado esfuerzo se situaron en campo de Stormers y hubo una jugada de try en la que Medrano no logró retener la pelota al apoyar. Lo que pareció que ponía a Jaguares otra vez en carrera, fue el principio del fin. Esa jugada devino en knock on, scrum en contra, de allí un penal, a jugar a campo propio y tras varias situaciones, llegó el try de Kolisi (el MOTM).

Lo que debió haber sido 16 – 13 pasó a ser 23-8 y desde ahí, el derrumbe físico y mental de Jaguares fue aumentando conforme pasaron los minutos. Los últimos treinta fueron la muestra de todo lo que uno no quiere ni desea ver de este equipo. Como era previsible, ni los cambios ni los riesgos tomados fueron propicios. El descontrol fue in crescendo, el sometimiento en el contacto también y Stormers aprovechó eso para sacar un punto bonus merecido.

Durante cincuenta minutos, cada uno de los equipos aportó al juego todo lo malo y todo lo bueno que habían mostrado en fechas anteriores. En los últimos treinta, Stormers mejoró sustancialmente su parte deficitaria a la vez que Jaguares aumentó sus errores y dejó de hacer lo bueno que le habíamos visto. Eso le puso el cierre a un partido que, para Quesada y en términos de nombres, le va a hacer mover sus opciones, sus ideas y sus andamiaje. Probar, ya pudo probar algunas cosas.

Acaso sea momento de probar otras.

 

La victoria fue probar

Hay algo cantado en el rugby de elite del hemisferio sur, llamese Super Rugby o Rugby Championship: una desatención en el tackle o en la marca, un desarreglo defensivo u ofensivo, una pelota perdida o regalada, se transforman las más de las veces, en puntos en contra. Y mucho de lo sucedido en el partido entre Lions y Jaguares en Johannesburgo vino de estas cuestiones, en ambos lados.

Por Eugenio Astesiano

En un duelo de equipos inexpertos, abarrotados de jugadores en sus primeras armas como titulares o con sus primeros minutos de la temporada, fue Lions fue el que sacó ventajas más rápido, se hizo fuerte y dominó. Después, cuando el partido estuvo ya casi sentenciado, fue Jaguares el que se destapó y le hizo pagar al local sus errores y por poco no se lo quita.

Pero eso es problema de Swys de Bruin. Nos atañe lo que le pasó a Jaguares y siempre, desde que Gonzalo Quesada anunció la formación, los que solemos cubrir los entrenamientos de la franquicia argentina pudimos advertir ciertas debilidades estructurales, pero en la balanza, probar jugadores, darles minutos, ver sus rendimientos en el rugby de alto nivel bajo presión, poder tener un parámetro, un baremo de su situación en el campo y de su comportamiento general en la cancha, era -es y sigue siendo- prioritario y esto excede al año mundialista: lo que hizo Quesada debió y pudo hacerse mucho antes. Pero se hizo ahora. Enhorabuena.

El partido tuvo un protagonista mayoritario que se soltó y manejó los hilos a su antojo, algo que suele pasar cuando juega sin presión del contrario: Elton Jantjies hizo, deshizo, construyó, lanzó y pateó como si estuviese en el patio de su casa, donde efectivamente estaba.

El 10 de Lions jugó los primeros 60 minutos del partido libremente, a su antojo, lejos de la presión que recibió en Buenos Aires, donde Jaguares lo atosigó. Nada de eso ocurrió en el ex Ellis Park (siempre lo será) y Jaguares pagó eso con puntos. Nuevamente, con una catarata de penales en contra en los primeros diez minutos, el equipo se puso solo en situación de extrema defensa y si bien salió algo airoso porque todo lo que perdió en el piso lo ganó en las alturas, la vulnerabilidad se hizo muy evidente y Lions la identificó bien: un equipo con Landajo – Díaz Bonilla y Ezcurra como eje 9-10-12 es bastante probable que sea vulnerable defensivamente en ese sector de la cancha. Jaguares entró “seteado” para atacar y en cambio, se tuvo que defender muy fuerte. Fue como entrar con un Fórmula 1 a correr un Rally. Igualmente, no se los puede responsabilizar a ellos tres solamente, fue Jaguares como equipo el que no defendió con la misma firmeza que ante Bulls y Blues.

En Buenos Aires, cuando se enfrentaron en la primera fecha, Díaz Bonilla y Jantjies fueron debidamente refugiados en lugares menos asequibles para sus defensores. Ayer, Jantjies no lo necesitó y en el equipo argentino, los tres mencionados quedaron un tanto expuestos. El principal responsable de abrir la brecha fue Wandisile Simelane, dominador absoluto en el medio de la cancha. Entre el 10 y el 13 de Lions manejaron la profundidad y ejecutaron su táctica a discreción.

Los delanteros locales también dominaron. El scrum y el piso no fueron un monopolio, pero sí, patrimonio de Lions, con un pack sólido y Marx y Schoeman desatados. Sobre el scrum, sobra decir que hay que sacarla rápido. ¿Cuánto? Mucho. Con pelota propia, no hay que desgañitarse para empujar, hay que sacarla y a jugar. En el line, la cosa fue muchísimo más pareja, y hasta a favor de Jaguares.

Cuando parecía que finalmente el equipo empezaba a encontrarse, en un ataque franco, Cancelliere hizo algo que no debió hacer: tiró un pase 50-50 que no lo demandaba la situación. Pelota recuperada de Lions y try en contra.

Así y todo, con un panorama que dentro de la cancha era poco alentador, Jaguares estuvo en partido. Un gran try de Moyano -reemplazó a Boffelli, que se lesionó y fue otra vez fundamental- vía kick de Díaz Bonilla y otro desde un Line y su posterior maul (la gran garantía y sello de este equipo en 2019) con Montoya a la cabeza le dieron dos tries a los argentinos. Había esperanzas.

El inicio del segundo parcial fue -cómo negarlo- muy desalentador y las esperanzas, a decir verdad, parecieron sepultadas. Tres conquistas de Lions en menos de diez minutos y la falta de reacción fueron el presagio de una prueba que no tenía visos de terminar de manera feliz. Como poner un Fórmula 1 en el Dakar.

En los últimos veinte minutos, las ganas, la confianza, el “perdido por perdido” tocaron a la puerta. Lo cierto es que los cambios generaron un impulso positivo. La necesidad de salir a atacar a Lions -que era lo previsto evidentemente, lo que había que hacer-  era lo que mandaba la estrategia (en la previa) porque Lions era y es un equipo vulnerable. Y vinieron entonces los tries de Jaguares. Cuatro. Seis en total. Jaguares, cuando ataca con control de pelota, es peligroso y tiene recursos sobrados para lastimar.

Si la compostura se hubiese adueñado un poco antes, si la calma, el control de la defensa se hubiese solidificado con tackles firmes, si en vez de precipitación hubiese habido precisión en el arranque de ese segundo tiempo, otra hubiese sido la historia. Montoya, Moyano y Moroni (3M) fueron los que levantaron la mano, los que soportaron estoicos la tempestad en la cubierta y lideraron la remontada.

De todas formas, como corolario, queda la tranquilidad de que Quesada se animó a probar. Olvidemos el resultado y pongamos el foco en lo importante y no en lo urgente. Quiso comprobar fehaciente y empíricamente algunas cuestiones y lo hizo. Seguramente sus conclusiones sirvan para ajustar cosas de cara al futuro mediato y eso, sin probar, es imposible saberlo. Ahí fue donde ganó Jaguares. Esa fue su victoria.

Nueve semanas y media

Cansancio global e indiscriminado. Desde lo obvio por parte de los jugadores a las caras de todo el staff. La dureza del partido, el esfuerzo físico y mental de las nueve semanas y media que lleva este proceso, reflejadas el sábado 3 de marzo a las 21hs con la frase “De hoy, hay moretones varios pero estamos bien encaminados” salida de la boca del entrenador Gonzalo Quesada. Así se pone fin de la primera etapa -positiva- de Jaguares en su versión 2019.

Por Eugenio Astesiano

Una derrota y dos victorias, el saldo. En los tres partidos hubo que trabajar viniendo de atrás en el score pero con diferentes situaciones dentro de la cancha. Ante Lions y Bulls, de una forma, con más dominio de terreno, pelota y mental de la situación. Ante Blues, sin la bola, sin más campo hacia atrás que el propio ingoal y sin espacio para equivocaciones.

En definitiva, Blues exigió a Jaguares a defender con un orden, ahínco y vehemencia como ninguno de los dos rivales anteriores y hay que destacar un detalle que no es menor: el conjunto kiwi juega este torneo sin un apertura y un medioscrum a la altura de sus pergaminos. Otere Black y Augustine Pulu, o Ruru – que ingresó después- han podido conducir a esta franquicia con calidad. Si Blues hubiese tenido conducción acorde al resto del plantel que tiene, no sólo el de ayer sino todo su 2019, hubiese sido muy distinto.

Esto tuvo su implicancia ayer también, indudablemente. Un back de Jaguares comentó “si (Pulu) levantaba la cabeza y sumaba, en muchísimas pelotas cerca del ingoal (nuestro), estábamos en inferioridad numérica y quedábamos muy expuestos. Si se la daba a Ma’a Nonu en lugar de ir él o de arrancar para el otro lado, nos abrochaban” y es honestamente cierto. Pulu y Black decidieron que la mejor forma o vía de Blues para doblegar a Jaguares fuese la que todo el resto entendía como errónea. Esta razón simplificó una barbaridad la gestión defensiva argentina, que obligó a que esa pareja de medios vapuleada se mantuviera obcecada en la elección de sus opciones.

Las pruebas, son contundentes. Además de los “moretones varios” de Jaguares por defender con mucha rudeza, en ningún momento del partido Akira Ioane, Rieko Ioane, Patrick Tuipolotu, Ma’a Nonu, Karl Tuinukuafe, Melani Nanai ni Sonny Bill Williams (salvo una vez) pudieron alzarse como ball carriers y romper la barrera defensiva argentina, algo que era factible y atemorizante por partida doble.

Una vez más, emerge acá la figura de Marcos Kremer. Veinticinco tackles implacables, impasables, ininmutables, demoledores… el entrerriano se encargó de voltear las esperanzas kiwis unas tras otras, secundado por Pablo Matera (18), Julián Montoya (17), Guido Petti (16), Tomás Lavanini (14), Santiago Medrano (14) y otros dos que fueron cruciales y que pusieron un “Checkpoint Charlie” en el centro de la cancha: Matías Orlando -excelente como opción de 12 y capitán- y Matías Moroni, que entre ambos sumaron 30 tackles. La defensa -demasiado apretada dentro de sus propios 22 metros- fue exigida al máximo. Ni se dobló, ni se rompió.

Con este panorama de un lado y del otro, es fácil advertir quién tuvo la pelota y quién se tuvo que conminar a que las pocas opciones de administrarla, fueran eficientes.

Jaguares fue un canto a la eficiencia. Como no lo fue ante Lions y le costó el partido, ante Blues “con migajas” -Quesada dixit- el equipo metió tres tries y pudo haber venido uno más.

Si, si… Ramiro Moyano. Ya estábamos llegando ahí.

¿Cuánto hace que genera estragos? ¿Se acuerdan del Seven? ¿De Pampas? ¿Qué sería de este equipo sin su elusividad, velocidad y claridad para identificar debilidades y huecos en las defensas rivales? Un jugador de otro planeta en este sentido y en casi todos.

Dos tries con su firma y sello, más un try de Line y Maul (lo que han entrenado el ataque y defensa de esta situación de juego y con la intensidad que se ha hecho, es casi indecible) fueron el resultado de esas migajas.

El scrum viene en franco ajuste, el line es una garantía de efectividad y la defensa está sólida, Tomás Cubelli y Tito Díaz Bonilla empiezan a tomar confianza, la convicción de todos está firme y hay siempre, buen clima de trabajo. Esto último ha sido basal, determinante, en estas primeras nueve semanas y media.

A partir de hoy con la primera gira, el cansancio acumulado, los lesionados y la rotación planificada, está por comenzar otra película que sin importar el género, esperamos que tenga un final feliz, como todos deseamos.