¿Argentino hasta la muerte? Ni a palos…

Pocos campeonatos argentinos han tenido menos cobertura periodística, nivel rugbístico, mala prensa y espantosa organización, que éste.
Todos atributos ganados desde –dicen, en parte- la predisposición de siempre de la ex omnipotente URBA respecto a no transar las fechas de organización de su campeonato y de la agachada de cabeza de la UAR, asintiendo sin decir nada.
Esta inexplicable connivencia entre UAR y URBA, ¿con qué tendrá que ver? ¿a qué se deberá?
Lo cierto es que así como está diagramado, organizado, televisado, difundido y todos los adjetivos de implicancia negativa que quieran sumarle, este torno no funciona más.
No es atractivo para los espectadores –ni siquiera en Tucumán y su fanatismo- ni tampoco, por ejemplo, en Córdoba, que será –de no mediar sorpresas- el campeón.
De Buenos Aires ya no decimos nada. El devenir del Seleccionado porteño interesa menos que una película iraní en un micro de viaje de Egresados.
Además, el equipo porteño no ha jugado bien. Y no es –solamente- responsabilidad del Staff, sino de los jugadores convocados, que no han sabido “enamorar” (valga el término) a lo largo de los partidos al público con una propuesta atrayante.
Y nos preguntamos ¿hasta cuándo se van a seguir citando exclusivamente jugadores de Grupo I?
Sólo José María Merlo (de Mariano Moreno, el año pasado en GI y ahora en II) y ahora Nico Azzorín (de Liceo Naval, GII, pero con experiencia PLaR) han engrosado sus filas. Ante Tucumán –en un tristemente devaluadísimo choque- hubo entre los suplentes de las Águilas, jugadores del M21 y casi ex jugadores, como Gambarini, del CASI, que vuelve a las canchas tras una larga ausencia.
Poco serio.
De haber convocado jugadores de Grupo II, III y IV, den por seguro que el rendimiento del equipo hubiera sido otro, para mejor. Por supuesto…
Igual que con las sedes para jugar estos encuentros. Cualquier club de GII, III o IV hubiera estado orgulloso y hasta gratificado por recibir un partido de las Águilas. ¿Ejemplos? Podemos nombrar más de cuarenta clubes que hubieran estado encantados de ser sede.
En la UAR ya no pueden mirar para otro lado. Y en la URBA, deben dejar de mirarse el ombligo. Un poco de sensatez, un poco de dignidad y mente abierta no vienen nada mal.